petroleras 1Uruguay frente a la exploración petrolera

La protección del agua y la movilización ciudadana.

La costa de nuestro país es un territorio donde convergen múltiples intereses y fuerzas. Allí se encuentran el mar, los ríos, los acuíferos, la biodiversidad, las comunidades locales y, cada vez con más presión, la actividad económica extractiva, en particular la exploración petrolera.En los últimos años, el debate sobre la explotación de recursos naturales dejó de ser abstracto para convertirse en un tema tangible de movilización social.

Comunidades costeras, organizaciones ambientales y científicas cuestionan decisiones tomadas lejos de los territorios afectados y exigen transparencia, participación y cuidado del medio ambiente.

Para comprender esta compleja situación, Diario La R entrevistó a Vito Mata y Soledad Recoba, referentes en la defensa ambiental, quienes ofrecieron su mirada sobre los riesgos, la participación ciudadana y las alternativas posibles para Uruguay.

Soledad Recoba es integrante de la asamblea Mar Libre Petroleras desde sus inicios, forma parte de la Comisión Nacional en Defensa del Agua y la Vida y colabora con diversos colectivos socioambientales e investigaciones. Su área de estudio se centra en la educación ambiental; su formación combina Educación Popular y Psicología Social, complementada con un diplomado en Género y Cambio Climático.

Por su parte, Vito Mata participa en la misma asamblea y en el Frente de Lucha Ambiental de Lea Villalba, colaborando también en la Comisión Nacional en Defensa del Agua y la Vida. Su trabajo se enfoca en la interconexión de las problemáticas ambientales y la defensa del agua como recurso central, considerando que todas las luchas socioambientales están atravesadas por la protección de este recurso vital y su relación con la justicia social y económica.

Participación ciudadana

Vito Mata subraya la importancia de la proximidad con la población: “La parte positiva es que cuando se tiene la posibilidad de hablar con la gente, explicarle y darle material, adhieren rápidamente”. Reconoce que el crecimiento ha sido “notable”, sobre todo en zonas costeras donde ya existían estructuras territoriales y organizaciones sociales. La movilización no se limita a charlas: hay marchas, diferentes encuentros en espacios públicos, playas y conciertos, “lugares donde se puede llegar a mucha gente con información sobre lo que está pasando”, agrega.

Para Recoba, las herramientas de participación ciudadana permiten incluir a quienes no pueden involucrarse presencialmente. Reconoce que la recolección de firmas “es clave”  y recuerda que “antes de aprobar la prospección sísmica -en diciembre- se entregaron 20.000 firmas de ciudadanos que no pudieron asistir a la audiencia pública convocada por el Ministerio de Ambiente”.

Agrega que estas firmas no tienen un valor legal, pero “representan una voz masiva que los tomadores de decisiones no pueden ignorar”. Asegura también, que existen otras 15.000 personas sumando su apoyo. “Ignorar esto es desconocer preocupaciones muy serias sobre los impactos ambientales y climáticos”, remarcó.

Recoba enfatiza que la protección del mar y sus ecosistemas “tienen un valor ecosistémico y también un valor emocional para la población. La falta de control y desconocimiento permite que las empresas exploten sin considerar la riqueza que hay debajo del agua”.

Recuerda la expedición científica realizada entre agosto y setiembre de 2025 a bordo del buque de investigación Falkor del Schmidt Ocean Institute, durante la cual “nos mostraron la vida y los ecosistemas ocultos, y ahora se pretende explotarlos”. Denuncia que “esto es un claro ejemplo de cómo los intereses económicos muchas veces se imponen sobre la conservación”.

Exploración petrolera

La discusión sobre el petróleo involucra tanto riesgos ambientales como dimensiones económicas y financieras. Mata explica cómo las compañías petroleras se benefician incluso de los pozos secos. “Hace cuatro años, la probabilidad de encontrar petróleo en Uruguay era del 5%, ahora subió al 25% tras las prospecciones. Pero incluso si no hay hallazgos, las empresas ganan: el solo anuncio de un área prometedora hace subir las acciones. Los daños ambientales y sociales permanecen, mientras quienes deciden están lejos, mirando mapas y estimando ganancias financieras”.

Recoba añade que esta lógica muchas veces ignora la voz de la ciudadanía: “Primero hacen prospección sísmica, después deciden sobre exploración. La participación social queda limitada y se subestiman los riesgos sobre ecosistemas y comunidades. La información científica existe, pero no llega al público. Nuestra misión es traducir, explicar y generar conciencia”.

Además, ambos señalan el papel del lobby económico y de la especulación financiera en la dinámica de la exploración. Explican que la mera expectativa de petróleo puede mover millones de dólares en inversiones y acciones bursátiles, mientras el territorio y la población quedan expuestos a los riesgos.

Gestión del agua y acuíferos

Los acuíferos uruguayos son sistemas complejos, antiguos y aún poco comprendidos. Mata recuerda el caso del Proyecto Neptuno, donde estudios de productores locales fueron ignorados por las autoridades. Describe que “los acuíferos no son uniformes, tienen fisuras, zonas de captación y afloramiento. No existen mecanismos adecuados de medición para la extracción industrial, lo que aumenta el riesgo de sobreexplotación, como ocurre en otros lugares del mundo. Estos sistemas no se renuevan en pocos años; algunos se formaron hace siglos”.

Por su parte, Recoba señala que la relación entre los acuíferos, las cuencas hidrográficas y las comunidades es histórica y sumamente compleja. “Proyectos como Tambor, la expansión de la forestación y la agricultura intensiva, afectan la disponibilidad de agua para la población y los ecosistemas. Más del 60% del agua dulce en Uruguay se destina al agronegocio, que muchas veces devuelve agua contaminada. Este es un pasivo ambiental que la sociedad asume sin participar de las decisiones”.

El Proyecto Tambor, ubicado en el departamento de Tacuarembó, busca reproducir e-Metanol a partir de dióxido de carbono biogénico (CO2) e hidrógeno verde, alcanzando una producción de 84.000 toneladas al año, todas destinadas a la exportación.

El mar, los ríos y el territorio están interconectados. Mata explica que la biodiversidad de la zona económica exclusiva uruguaya se debe a la combinación de corrientes marinas templadas y frías, junto al aporte de agua dulce de los estuarios. “Conocer lo que hay debajo del mar genera apropiación y defensa. La segunda expedición Falkor  incluso abordó aspectos relacionados con el origen de la vida en el océano. Cuando la gente ve la riqueza, se siente responsable de protegerla”.

A pesar de los riesgos, los referentes ambientales subrayan la importancia de destacar logros y promover alternativas sostenibles. Recoba señala el papel del arte, la cultura y la educación ambiental. “La información técnica es fundamental, pero también necesitamos generar encuentros, debates y espacios de aprendizaje colectivo. No podemos depositar toda la responsabilidad en la juventud; los adultos también debemos asumir un papel activo”.

Uruguay enfrenta desafíos complejos: explotación de recursos, contaminación, sobreexplotación del agua y presión sobre ecosistemas. Sin embargo, la participación ciudadana organizada, la educación ambiental, la colaboración con la ciencia y la cultura, y la construcción de alternativas locales permiten vislumbrar un camino hacia un desarrollo sostenible.

Diario LA-R - Montevideo - URUGUAY - 25 Marzo 2026