Opinión - Nino Medina
Las oportunidades empiezan a navegar por el Cebollatí
Un puerto puede cambiar la perspectiva del departamento. La discusión es profundamente estratégica.Treinta y Tres es un departamento con una enorme capacidad de crecimiento. Nuestra identidad está profundamente ligada al trabajo, a la producción y a una vocación histórica de empujar el desarrollo desde el interior del país.
Aquí hay conocimiento, recursos, capacidad humana y una ubicación estratégica que durante mucho tiempo estuvieron subaprovechados, pero hoy empiezan a abrir nuevas posibilidades.
Los trabajadores organizados, el sector arrocero, la producción rural, las pequeñas y medianas empresas y las nuevas generaciones forman parte de un territorio que no quiere resignarse a mirar pasar las oportunidades, sino convertirse en protagonista de una etapa distinta para el este del Uruguay.
Por eso, cuando hoy se habla de la posibilidad de desarrollar un puerto sobre el río Cebollatí e integrar definitivamente a Treinta y Tres a la hidrovía vinculada a la laguna Merín y Brasil no estamos hablando simplemente de una obra de infraestructura. Estamos hablando de una oportunidad histórica para el desarrollo del este del país.
Desde hace años existen estudios, iniciativas privadas y conversaciones binacionales sobre el potencial logístico de la hidrovía Uruguay-Brasil. La posibilidad de movilizar carga desde el Cebollatí hacia el sistema lagunar y hacia el sur brasileño aparece como una alternativa capaz de reducir costos, mejorar competitividad y generar nuevas oportunidades productivas.
La discusión es profundamente estratégica.
Hoy buena parte de la producción del este debe recorrer cientos de kilómetros por carretera para llegar al puerto de Montevideo. Eso significa mayores costos logísticos, más presión sobre las rutas y menores márgenes para quienes producen. Incluso, en algunos análisis vinculados al sector arrocero se señalaba una realidad absurda: en ciertos casos resultaba casi más barato enviar mercadería al exterior que trasladarla dentro del propio territorio nacional.
Por eso, el debate sobre el puerto del Cebollatí debe asumirse con seriedad.
No corresponde vender humo ni prometer soluciones mágicas. Hoy no existe todavía una gran terminal portuaria operativa en Treinta y Tres. Existen, sí, proyectos, estudios, interés empresarial y voluntad política para avanzar en una infraestructura que puede cambiar la perspectiva del departamento. Y eso ya es importante.
Porque durante demasiado tiempo Treinta y Tres quedó relegado en las grandes discusiones nacionales sobre desarrollo e infraestructura.
El puerto y la hidrovía representan la posibilidad de comenzar a construir otra lógica territorial. Una lógica en la que el interior no sea solamente un lugar que produce riqueza para que luego el valor agregado y las oportunidades se concentren en otros puntos del país.
Naturalmente, cualquier avance debe realizarse con responsabilidad ambiental, planificación seria y participación de las comunidades locales. El desarrollo no puede construirse a cualquier costo. Debe ser sostenible, transparente y pensado para beneficiar realmente al territorio.
Pero también debemos entender algo fundamental: sin infraestructura es muy difícil que exista desarrollo.
Treinta y Tres necesita mejores oportunidades logísticas, más conectividad y más inversión. Necesita herramientas para transformar su enorme potencial productivo en empleo y crecimiento.
Hace poco celebrábamos la llegada de la electrificación rural a una escuela del departamento bajo una idea sencilla pero poderosa: la revolución de las cosas simples. Detrás de cada obra de infraestructura hay mucho más que cemento o maquinaria. Hay dignidad, integración y oportunidades.
Con el puerto del Cebollatí ocurre algo similar.
No hablamos solamente de barcos o muelles. Hablamos de trabajo, de desarrollo regional, de circulación económica y de futuro para nuestros jóvenes.
Treinta y Tres no necesita caridad. Necesita oportunidades.
Y quizás una parte importante de esas oportunidades hoy empiece a navegar por el río Cebollatí.
