La Alianza Uruguaya por el Agua: Un Actor Clave en la Gestión Hídrica de Uruguay
“El modelo de fondos de agua busca generar recursos aportados por organismos internacionales o empresas para financiar proyectos que mejoren la calidad y la cantidad de agua a nivel de cuenca o de país”, explicó Mauro de la Vega, director ejecutivo de la organización, en una entrevista realizada en el marco del Día Mundial del Agua.
El Día Mundial del Agua se celebra anualmente el 22 de marzo. Esta fecha, establecida por la ONU en 1993, busca concienciar sobre la importancia del agua dulce, la crisis mundial de este recurso y la necesidad de garantizar el acceso al agua potable y al saneamiento para todos.
El contexto en Uruguay es particular. La sequía que afectó al país en 2023 puso en evidencia la fragilidad del sistema hídrico y abrió un debate sobre cómo asegurar el abastecimiento de agua en el futuro. En ese escenario, distintas organizaciones comenzaron a impulsar proyectos para mejorar la gestión y la conservación del recurso.
Una de ellas es la Alianza Uruguaya por el Agua (AUA), una fundación sin fines de lucro creada en 2021 con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Fundación FEMSA (de Coca-Cola). La iniciativa forma parte de una red regional de “fondos de agua” que ya funciona en más de 20 países de América Latina.
“El modelo de fondos de agua busca generar recursos aportados por organismos internacionales o empresas para financiar proyectos que mejoren la calidad y la cantidad de agua a nivel de cuenca o de país”, explicó Mauro de la Vega, director ejecutivo de la organización, en una entrevista realizada en el marco del Día Mundial del Agua.
Según detalló, estas iniciativas funcionan en más de once países y adaptan su estructura a cada realidad. Mientras en algunos lugares el sistema es público, en otros se basa en alianzas público-privadas. “En Uruguay el modelo es privado, pero trabajamos en coordinación con el sector público y con la sociedad civil”, señaló.
De la Vega, contador público y docente de finanzas, describe su rol como «generar proyectos junto a aliados del sector público, sumar empresas interesadas en participar de la fundación y articular con la sociedad civil y otros actores que quieran impulsar iniciativas».
Un origen vinculado a la cuenca del Santa Lucía
La Alianza comenzó a tomar forma a partir de la preocupación por la situación ambiental de la cuenca del río Santa Lucía, principal fuente de agua potable para el área metropolitana. “Se visualizó una problemática en la cuenca del Santa Lucía incluso antes de la sequía de 2023. La calidad del agua estaba afectada y no había suficiente conciencia sobre el impacto de las actividades productivas”, explicó De la Vega.
«Previo a la sequía de 2023, cuando la calidad del Santa Lucía ya estaba más afectada, el entonces ministro de Ambiente, Adrián Peña, dio el visto bueno para que se generara este organismo». A partir de allí, la organización comenzó a trabajar de forma coordinada no solo con el Ministerio de Ambiente, sino también con intendencias y productores rurales para desarrollar proyectos de conservación y restauración en zonas donde nacen los cursos de agua.
Entre las acciones impulsadas se encuentran la creación de áreas de protección en torno a ríos y arroyos, la plantación de bosque nativo y la promoción de prácticas agrícolas que reduzcan el impacto de fertilizantes y agroquímicos. “Cuando el suelo está degradado o pisoteado, el agua de lluvia escurre y no se infiltra. El bosque nativo ayuda a que el suelo recargue agua y eso mejora tanto la cantidad como la calidad del recurso”, explicó.
La sequía de 2023 representó un desafío importante. De la Vega señala que fue «un momento bastante crítico para nosotros, porque éramos un actor nuevo que buscaba estar por fuera del debate político». La Alianza se mantuvo al margen de la discusión sobre soluciones como Casupá o Neptuno, ya que «todo lo que rodea el tema agua tiene una implicancia política muy fuerte y eso a veces limita a la hora de trabajar». Su enfoque es «venir a sumar esfuerzos a lo que ya se viene haciendo», en coordinación con ministerios y OSE.
Proyectos en comunidades rurales
Además del trabajo ambiental, la organización ha desarrollado proyectos de acceso al agua potable en pequeñas comunidades del interior. Uno de ellos se realizó en la localidad de Piedra de los Indios, en el departamento de Colonia, donde instalaron un sistema de ósmosis inversa para eliminar arsénico del agua.
“Había problemas de contaminación en los pozos y se instaló una planta que permite potabilizar el agua. No solo beneficia a la escuela rural, sino también a los vecinos que van allí a buscar agua”, explicó. También se realizaron intervenciones similares en centros educativos del interior mediante pequeñas unidades potabilizadoras.
Cambio climático y eventos extremos
Para la organización, otro de los grandes desafíos es la adaptación al cambio climático. De la Vega señaló que Uruguay está experimentando fenómenos climáticos cada vez más extremos y frecuentes. “Antes podías tener una sequía importante cada diez años. Hoy esos eventos se están repitiendo con mucha más frecuencia”, afirmó.
En ese sentido, la Alianza también trabaja en soluciones urbanas para gestionar el agua de lluvia y evitar inundaciones en ciudades. Entre ellas se encuentran los llamados sistemas de drenaje urbano sostenible, que incluyen “jardines de lluvia” y espacios verdes diseñados para absorber el agua durante tormentas intensas, implementados en San José junto con la Intendencia.
“Los jardines de lluvia son canteros con plantas que se colocan en lugares donde las pendientes de las calles hacen que el agua se acumule, al costado de una boca de tormenta. Entonces, cuando llega el agua, en vez de ir directo a la boca de tormenta y que se tape enseguida por la lluvia, se mete dentro del cantero”. “Son soluciones que permiten que el agua se infiltre en el suelo en lugar de ir directamente al sistema de drenaje y generar inundaciones”, explicó.
Infraestructura y gestión del agua
El director de la Alianza también señaló que Uruguay enfrenta desafíos importantes en materia de infraestructura hídrica. Uno de los problemas es la pérdida de agua en las redes de distribución. “Se habla de un 50% de agua no contabilizada, aunque en realidad cerca de un 35% se pierde por cañerías en mal estado y otro porcentaje corresponde a agua que se produce pero no se factura”, explicó.
Según indicó, mejorar la eficiencia del sistema permitiría reducir costos y optimizar el uso del recurso. Esto también se vincula con un “desafío cultural” que va más allá de la infraestructura. “El uruguayo mira alrededor y ve agua por todos lados, entonces piensa que el recurso nunca va a faltar”, afirmó.
Sin embargo, advirtió que esa percepción puede cambiar rápidamente ante eventos extremos como la sequía. “La gente suele reaccionar cuando aparece la emergencia, pero después el tema vuelve a salir de la agenda”, señaló. Para la organización, generar conciencia sobre el cuidado del agua es clave para garantizar la seguridad hídrica del país en el largo plazo. “Tenemos que entender que el agua es un recurso finito y que su cuidado depende de todos”, concluyó.
En el contexto de la seguridad hídrica, la Alianza busca generar soluciones en dos sentidos: «calidad y cantidad de agua». “Estamos preocupados y ocupados trabajando en generar campañas de concientización en la gente de los procesos que se vienen. Está cambiando muy seguido el clima: las lluvias, las inundaciones, los niveles del mar que están aumentando. Es algo que de acá a un tiempo va a preocupar y ahí estamos con algunas campañas”, señaló.
Reconoce que en Uruguay se ha avanzado con un «protocolo de sequía» similar al de Europa. Sin embargo, De la Vega considera que «la gente no aprendió de la problemática. Lo vio como un caso puntual que no se iba a repetir». La Alianza busca articular intereses públicos y privados, de modo que el interés privado «sume al interés común de todos los uruguayos». Las empresas, especialmente las multinacionales, están interesadas en ser «agua positivo» y «aportar al eco
