EL VALOR ESTRATÉGICO DEL HIELO
Argentina: los glaciares aportan más del 40% del caudal del río Mendoza durante los años más secos
La discusión sobre la explotación de oro, cobre y plata en la cordillera argentina incorporó un dato central: en las regiones áridas, los glaciares no constituyen solamente una reserva paisajística, sino que sostienen el caudal de los ríos cuando disminuyen la nieve y las precipitaciones.
Un estudio publicado en 2025 en la revista científica Hydrological Processes analizó el comportamiento del río Mendoza durante 38 años, entre las temporadas 1981-1982 y 2018-2019. La investigación concluyó que los glaciares aportaron, en promedio, aproximadamente 18% de su escurrimiento anual.
La participación aumentó de manera considerable durante los períodos más secos. En los años con muy baja acumulación de nieve, el aporte glaciar superó 40% del caudal. Desde el comienzo del período de sequía prolongada registrado en 2010, la contribución promedio llegó a aproximadamente 30%, frente al 15% observado durante las décadas anteriores.
El río Mendoza abastece una parte significativa del área metropolitana provincial y sostiene actividades agrícolas, viñedos, explotaciones industriales y sistemas de riego. Los datos muestran que el hielo acumulado funciona como una reserva capaz de compensar parcialmente la falta de nieve y lluvia.
La controversia se profundizó después de que el Congreso argentino aprobara la Ley 27.804, modificativa de la Ley de Presupuestos Mínimos para la Preservación de los Glaciares y del Ambiente Periglacial, sancionada originalmente en 2010.
La nueva redacción dispone que cada provincia determine, mediante estudios técnicos y científicos, qué glaciares y geoformas periglaciales cumplen una función como reserva estratégica de agua o como proveedores para la recarga de las cuencas hidrográficas.
Hasta que se complete esa evaluación, los cuerpos incluidos en el Inventario Nacional de Glaciares permanecen protegidos. Sin embargo, una autoridad provincial puede concluir que una formación no cumple una función hídrica y comunicar esa resolución al Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales para que sea retirada del inventario.
La actividad minera continúa prohibida en los glaciares y ambientes periglaciales reconocidos como reservas hídricas cuando pueda ocasionar una alteración relevante. Uno de los puntos controvertidos es que también corresponde a las autoridades provinciales determinar, durante el proceso de evaluación ambiental, qué intervención puede considerarse relevante.
El Gobierno argentino sostiene que el cambio aporta precisión jurídica, fortalece las facultades provinciales sobre sus recursos naturales y permite estudiar proyectos productivos sin eliminar la protección de las reservas estratégicas de agua.
Investigadores del Conicet y organizaciones ambientales advierten, en cambio, que las funciones de un glaciar pueden variar según las condiciones climáticas y que una formación aparentemente secundaria durante un año normal puede resultar decisiva durante una sequía.
También señalan que las obras asociadas con la minería —caminos, movimientos de suelo, perforaciones, depósitos de residuos y circulación de maquinaria— pueden generar polvo, contaminación y modificaciones en el drenaje, con efectos sobre los cuerpos de hielo y las cuencas ubicadas aguas abajo.
El debate no enfrenta únicamente a la conservación ambiental con la inversión minera. También obliga a establecer cuánto vale una reserva de agua en una región árida y quién debe decidir sobre ecosistemas cuyos efectos pueden extenderse más allá de los límites de una provincia.
Bajo la cordillera existen depósitos de oro, cobre y plata con un elevado valor económico. Sobre ellos permanece una reserva de hielo que, durante los años de sequía, puede representar más de 40% del agua de uno de los principales ríos de Mendoza.
