reforestarLa gestión forestal proactiva reduce incendios extremos en un 88% y estabiliza la emisión de carbono significativamente

Un estudio reciente concluye que la gestión forestal activa reduce en un 88 % la ocurrencia de incendios forestales de alta gravedad y permite la recuperación de las reservas de carbono en apenas siete años, incluso tras sequías extremas y megaincendios.Un estudio reciente reveló resultados claves que llaman a cambiar y priorizar la gestión de bosques

El trabajo, que evalúa más de 200 proyectos reales en la Sierra Central de California, también registra una reducción promedio del 32 % en la severidad de los incendios y destaca la eficacia de los tratamientos mayores a 6 hectáreas con mantenimiento posterior.

Contexto: bosques que perdieron su adaptación al fuego
El oeste de Estados Unidos, y en particular California, dejó de ser un paisaje adaptado a incendios frecuentes y de baja intensidad para convertirse en un entorno con acumulación de combustible y alta vulnerabilidad.

Décadas de supresión del fuego, combinadas con el cambio climático y sequías persistentes, crearon bosques densos y homogéneos que elevan notablemente el riesgo de catástrofe.

La investigación, liderada por Vibrant Planet, la Universidad del Norte de Arizona, la American Forest Foundation y Blue Forest, examinó 216 tratamientos implementados desde 2016 en la Sierra Central de California. Se incluyeron prácticas como raleo selectivo, remoción de combustibles y quemas prescritas, y se compararon parcelas tratadas con bosques similares sin intervención que igualmente fueron alcanzados por incendios entre 2020 y 2023.

Resultado central: los bosques gestionados no solo ardieron con menos intensidad, sino que también mantuvieron mejor su carbono vivo bajo condiciones climáticas extremas.

Escala y continuidad: factores decisivos
Los análisis muestran que intervenciones que exceden las 6 hectáreas y que reciben mantenimiento posterior son las más eficaces para reducir el riesgo de incendios catastróficos y estabilizar el almacenamiento de carbono.

Esto sugiere que tanto la escala de la intervención como la continuidad en el manejo son determinantes para lograr efectos medibles a escala de paisaje.

Limitaciones de los modelos y valor de los experimentos naturales
El estudio pone en evidencia la insuficiencia de algunas simulaciones computacionales para anticipar la conducta de incendios recientes. “La realidad superó cualquier simulación”, afirma Ethan Yackulic, autor principal.

Ante esta discrepancia, los autores promueven un enfoque basado en experimentos naturales —comparar bosques tratados y no tratados expuestos a las mismas condiciones reales— para generar datos verificables que orienten decisiones de manejo.

Las consecuencias del no manejo: riesgo de colapso ecológico
Sin intervenciones, muchos bosques del oeste estadounidense están al borde del colapso. El modelo de exclusión del fuego, vigente por más de un siglo, produjo paisajes extremadamente inflamables.

“No es cuestión de si van a arder, sino de cuándo y dónde”, explica Katharyn Duffy, coautora del estudio. En estas circunstancias, un incendio puede destruir no solo árboles, sino la capacidad de regeneración del ecosistema, transformando bosques en matorrales o pastizales degradados y provocando pérdidas permanentes de biodiversidad, captura de carbono y regulación hídrica.

Recuperación rápida del carbono incluso tras megaincendios
Pese a la intensidad de eventos extremos como los megaincendios de 2020 y 2021, los bosques tratados lograron recuperar sus reservas de carbono en un plazo de siete años, igualando o superando los niveles de los bosques no intervenidos. Este hallazgo refuerza la idea de que el manejo activo puede estabilizar el carbono incluso en contextos de estrés climático extremo.

Un cambio cultural además de técnico
Para la ecóloga Sophie Gilbert, los hallazgos implican más que soluciones técnicas: demandan reconstruir la relación con el territorio. “No se trata solo de cuántos árboles hay que cortar o dónde aplicar una quema. Se trata de reconstruir una relación sostenible con el bosque. Una que requiere cuidado constante, pero que a cambio nos devuelve servicios vitales como agua limpia, hábitat para especies y, sí, también almacenamiento de carbono”.

Implicancias climáticas y oportunidades de financiamiento
El nuevo enfoque de restauración, con impacto medible a escala de paisaje, se presenta como una herramienta clave para mitigar la crisis climática y proteger servicios ecosistémicos.

Además, este tipo de manejo puede abrir fuentes de financiamiento mediante la certificación de créditos de carbono y el acceso a fondos públicos para restauración ecológica; ya existen pilotos en California que canalizan inversiones privadas hacia proyectos de tratamiento forestal con impacto climático verificable.

Diario LR21 -Montevideo - URUGUAY - 10 Febrero 2026