acuasiferosContaminación de los acuíferos: el impacto del modelo agropecuario en la calidad del agua

El uso sin control de fertilizantes ponen en tensión la producción agropecuaria en Uruguay y el mundo.La contaminación de los acuíferos del mundo se ha convertido en un problema ambiental de primer orden, debido a la acumulación de sustancias como nutrientes, entre ellos el nitrógeno y el fósforo, presentes en fertilizantes sintéticos que terminan perjudicando el agua subterránea.

Esta situación afecta tanto a la calidad del agua como a los ecosistemas y, en muchos lugares, ha sido señalada como una de las principales amenazas para los recursos hídricos del planeta.

Uno de los principales orígenes de esta contaminación global proviene del uso excesivo de fertilizantes nitrogenados en la agricultura intensiva. Cuando estos productos se aplican en exceso o de forma inadecuada, los nitratos no son absorbidos completamente por las plantas y terminan filtrándose hacia los acuíferos a través del suelo. A este fenómeno se suma el vertido de residuos ganaderos y la deficiente gestión de las aguas residuales, factores que también contribuyen a la acumulación de estos contaminantes en las reservas subterráneas de agua.
El consumo de agua con altas concentraciones de nitratos puede derivar en graves problemas de salud, especialmente en niños y personas en situación de vulnerabilidad. Uno de los principales riesgos es la metahemoglobinemia, conocida como el “síndrome del bebé azul”, que dificulta el transporte de oxígeno en la sangre. Además, diversas investigaciones han asociado la exposición prolongada a nitratos con un mayor riesgo de padecer enfermedades como algunos tipos de cáncer y trastornos del sistema endocrino.

En este contexto, una de las tensiones centrales del agro moderno pasa por la necesidad de producir más alimentos sin comprometer los recursos naturales, en particular el agua. La contaminación de las reservas acuíferas está estrechamente vinculada al uso intensivo de fertilizantes químicos en la industria agropecuaria, que no siempre son absorbidos por los cultivos. Una parte significativa de estas sustancias termina filtrándose a través del suelo o es arrastrada por escorrentía hacia ríos, lagunas y acuíferos subterráneos.

Este proceso genera fenómenos como la eutrofización, que provoca la proliferación excesiva de algas, reduce el oxígeno disponible en el agua y afecta gravemente a los ecosistemas acuáticos. Además, la presencia de nitratos en aguas subterráneas representa un riesgo para el consumo humano, especialmente en zonas rurales que dependen de pozos y de reservas naturales para el abastecimiento de agua.

En contraposición, el uso de fertilizantes contaminantes entra en conflicto directo con las políticas medioambientales orientadas a proteger el agua, la biodiversidad y la salud pública. Mientras el sector productivo prioriza el rendimiento y la competitividad, los marcos regulatorios intentan limitar prácticas que generan impactos a mediano y largo plazo. Esta tensión suele traducirse en debates sobre regulaciones, costos de producción y responsabilidades ambientales.

El resultado es un escenario complejo y, en muchos casos, conflictivo entre la producción agropecuaria y las políticas ambientales. La falta de controles efectivos, los incentivos insuficientes para promover prácticas sostenibles y las resistencias al cambio tecnológico profundizan esa brecha. No obstante, también comienzan a consolidarse alternativas como la agricultura de precisión, el uso racional de fertilizantes y los bioinsumos, que buscan equilibrar productividad y cuidado ambiental.

Frente a este problema, numerosos organismos internacionales proponen distintas estrategias para reducir la contaminación de los acuíferos afectados o con riesgo de estarlo. Entre ellas se destacan la aplicación de buenas prácticas agrícolas, mediante un uso controlado de fertilizantes, la reducción de productos nitrogenados y el empleo de cultivos de cobertura para evitar la lixiviación de nitratos.

Por otra parte, se promueve una gestión más eficiente de los residuos ganaderos, a través del almacenamiento adecuado de estiércol y purines, así como su utilización en dosis apropiadas como fertilizantes naturales. A esto se suma la protección y restauración de zonas húmedas, que actúan como filtros naturales capaces de retener contaminantes antes de que alcancen los acuíferos, junto con la mejora de los sistemas de depuración de aguas residuales para evitar la liberación de nitratos en los cuerpos de agua.

En esa misma línea, cuando la contaminación por nitratos o fósforo ya ha afectado un acuífero, resulta necesario aplicar técnicas de descontaminación específicas para restaurar su calidad. Entre las principales estrategias se encuentra la desnitrificación biológica, que utiliza bacterias capaces de transformar los nitratos en gas nitrógeno, eliminándolos del agua subterránea.

También se emplean sistemas de filtración por membranas, como la ósmosis inversa y la nanofiltración, que permiten remover los nitratos mediante procesos de alta eficiencia. A ello se suman los procesos de intercambio iónico, que utilizan resinas capaces de atrapar los iones de nitrato y sustituirlos por otros no contaminantes. Otras alternativas incluyen la reinyección de agua tratada y la creación de barreras reactivas permeables, mediante la instalación de materiales en el subsuelo que captan y transforman los nitratos antes de que lleguen a las reservas de agua subterránea.

Acuíferos de Uruguay
La situación en Uruguay respecto a la contaminación del agua, que incluye acuíferos, ríos y reservas superficiales, refleja una relación estrecha entre el modelo agropecuario, el uso intensivo de insumos agrícolas y los desafíos ambientales, aunque con características propias del país.
La contaminación de los acuíferos en Uruguay constituye un problema serio, impulsado principalmente por los mismos agroquímicos que afectan a las aguas a nivel global, como nitratos y fósforo, utilizados en la agricultura intensiva y en la ganadería. Estos contaminantes llegan a los sistemas hídricos a través de procesos de lixiviación, así como por vertidos industriales y urbanos, afectando tanto el agua subterránea como la superficial. Este escenario ha contribuido a la proliferación de cianobacterias y ha exacerbado episodios de crisis hídrica.

Si bien el país cuenta con importantes reservas de agua subterránea, la falta de una gestión integral, las debilidades en la infraestructura y el control deficiente de los pozos, incrementan la vulnerabilidad de los acuíferos. Esta situación pone en riesgo la salud pública y el acceso al agua potable, como quedó en evidencia durante la reciente crisis hídrica en Montevideo y su área metropolitana.

La Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) ha señalado que alrededor del 80% de la contaminación de los cursos de agua está vinculada a actividades del sector agropecuario, con la proliferación de algas y la eutrofización como efectos visibles. Este fenómeno se observa con particular claridad en cuencas como la del río Santa Lucía, principal fuente de abastecimiento de agua potable para Montevideo y gran parte del sur del país, que ha registrado un deterioro sostenido de su calidad en los últimos años debido al aporte de nutrientes.

El crecimiento del agronegocio uruguayo, con una fuerte presencia de la ganadería, el cultivo de arroz y la producción de soja, ha reavivado el debate sobre la sostenibilidad del uso del agua y su impacto ambiental. Las discusiones incluyen la legislación hídrica, la intensificación de los sistemas productivos y la creciente extracción de recursos hídricos. En este marco, la contaminación de los acuíferos aparece como un problema silencioso pero de gran magnitud en Uruguay, donde la actividad agropecuaria e industrial impacta de forma directa sobre la calidad de sus recursos hídricos subterráneos, lo que vuelve indispensable avanzar hacia una gestión más integrada y controles más estrictos.

Diario LA-R -Montevideo -URUGUAY - 06 Enero 2026