ppEl Puerto de Asunción: memoria viva de un río que marcó la historia de la ciudad

Según recuerdan, durante las décadas de 1970 y 1980 el puerto era un hervidero de actividad. Alrededor de 700 trabajadores daban vida al lugar, sin contar a comerciantes, visitantes y curiosos que se acercaban diariamente al muelle.El histórico Puerto de Asunción sigue siendo uno de los símbolos más poderosos de la capital paraguaya. A orillas del río, el lugar guarda la memoria de una ciudad que nació mirando al agua y que hoy intenta recuperar parte de aquel dinamismo que durante décadas marcó la vida económica y social de Asunción.

Caminar por el muelle es recorrer una postal del pasado. Las estructuras, los galpones y las grúas recuerdan una época en la que el trabajo no se detenía y el movimiento de barcos formaba parte del ritmo cotidiano de la ciudad. Para quienes trabajaron allí durante décadas, el puerto fue mucho más que un lugar de carga y descarga: fue casi un pequeño pueblo dentro de la capital.

Miguel Estigarribia y Joel Rolón, trabajadores de la Administración Nacional de Navegación y Puertos (ANNP), evocan con nostalgia aquellos años en que gran parte del trabajo se realizaba “a pulmón”. Antes de la mecanización y la tecnología moderna, la actividad portuaria dependía en gran medida de la fuerza y la coordinación de los estibadores y operarios que movían toneladas de mercadería con esfuerzo físico y experiencia.

Según recuerdan, durante las décadas de 1970 y 1980 el puerto era un hervidero de actividad. Alrededor de 700 trabajadores daban vida al lugar, sin contar a comerciantes, visitantes y curiosos que se acercaban diariamente al muelle. En ese tiempo, el puerto no solo era un punto estratégico para el comercio exterior, sino también un espacio de encuentro social.

Durante buena parte del siglo XX, los habitantes de Asunción acudían al muelle para participar en celebraciones públicas. En fechas patrias se realizaban conciertos de bandas militares y municipales, mientras que los desfiles de barcos se convertían en verdaderos espectáculos para los vecinos. Las maniobras de amarre de los vapores que llegaban desde Buenos Aires o Montevideo despertaban la curiosidad de quienes se reunían a observar cómo aquellas enormes embarcaciones se acomodaban junto al muelle.

Uno de los lugares más populares era la llamada Playa Montevideo, donde los pobladores acudían para comprar productos que llegaban en las embarcaciones. Entre ellos se destacaban frutas y verduras provenientes del interior del país, como las recordadas naranjas del departamento de San Pedro, Paraguay, que se volvieron parte del imaginario del puerto.

El movimiento comercial también daba lugar a pequeñas economías paralelas. Muchos trabajadores compraban directamente en los barcos productos importados —perfumes, radios o telas— que luego revendían en el centro de la ciudad. Ese intercambio informal formaba parte de la dinámica diaria del puerto, donde las mercancías extranjeras despertaban gran interés en una época en la que acceder a esos bienes no era sencillo.

La intensidad de la actividad obligaba a organizar el trabajo en turnos que cubrían prácticamente todo el día. Había tres horarios principales: de 06:00 a 14:00, de 14:00 a 22:00 y de 22:00 a 06:00. Estibadores, operadores de grúas, inspectores de aduana y capitanes convivían en una estructura laboral marcada por jerarquías muy definidas.

Algunos oficios tenían un prestigio especial. Joel Rolón recuerda que existían categorías como “liquidador de primera” y “liquidador de segunda”, encargados de registrar y controlar las cargas. “Ser liquidador era lo máximo”, resume, evocando el respeto que generaba ese puesto entre los trabajadores.

El puerto también era escenario de la llegada de los llamados “gigantes del río”. Eran barcos de gran tamaño que funcionaban como verdaderos palacios flotantes. Entre los más recordados figuran el Carlos Antonio López y el Presidente Stroessner, embarcaciones que podían albergar hasta cien pasajeros en sus camarotes y que conectaban a Paraguay con otros destinos de la región.

Hoy, aunque el movimiento ya no es el mismo que en aquellas décadas de esplendor, el Puerto de Asunción continúa siendo un espacio cargado de historia. Sus muelles y galpones permanecen como testigos silenciosos de un tiempo en que el río era la principal puerta de entrada y salida del país.

Para muchos antiguos trabajadores, recorrer el lugar es volver a escuchar el eco de los motores de los vapores, el ruido de las grúas y las voces de cientos de obreros que hicieron del puerto uno de los motores más importantes de la vida económica y social de la capital paraguaya.

Diario LA-R  - Montevideo - URUGUAY - 10 Marzo 2026