Bolivia entra en una nueva etapa gasífera: menos reservas y riesgo de importar desde 2031
Bolivia enfrenta un fuerte deterioro de su perfil gasífero: YPFB proyecta reservas probadas de 3,7 TCF al cierre de 2025, la producción sigue en baja y ya se plantea el riesgo de que el país deba importar gas desde 2031. En paralelo, Vaca Muerta gana espacio como nuevo eje energético regional.
El dato más sensible surgió en la rendición pública de cuentas de YPFB. Allí la estatal proyectó que las reservas probadas de gas quedarían en 3,7 TCF al 31 de diciembre de 2025. No se trata todavía de una nueva certificación externa cerrada para 2025, sino de una proyección interna sobre la base de la última certificación disponible y del consumo acumulado, pero igual marca la continuidad de una tendencia descendente. El FMI ya había advertido que las reservas bolivianas habían bajado de 8,95 TCF en 2019 a 4,48 TCF en 2023.
La caída de reservas viene acompañada por una baja sostenida de producción. Reuters reportó en marzo que el bombeo boliviano cayó a unos 35 millones de metros cúbicos diarios, muy por debajo de los alrededor de 65 millones de años anteriores. Ese retroceso erosiona exportaciones, ingresos fiscales y capacidad de abastecimiento, y refuerza la percepción de que el modelo gasífero boliviano atraviesa su etapa más crítica en décadas.
En ese contexto apareció una advertencia que hasta hace pocos años parecía impensable. En CERAWeek, el CEO de Tecpetrol, Ricardo Markous, dijo a Reuters que Bolivia podría verse obligada a importar gas en cinco o seis años para cubrir su demanda local si no logra revertir la declinación productiva. La proyección coincide con el escenario que empezó a circular en el debate energético regional: que hacia 2031 el país deje de ser solo exportador y necesite abastecimiento externo.
Mientras tanto, el mapa regional ya empezó a reordenarse. Reuters informó en abril de 2025 que Argentina exportó por primera vez gas de Vaca Muerta a Brasil usando ductos bolivianos, un giro simbólico y estratégico para una red que históricamente transportó gas boliviano hacia el sur. Meses después, otro acuerdo consolidó el uso de infraestructura de YPFB para mover gas argentino hacia el mercado brasileño.
La tendencia se profundiza con el avance de Vaca Muerta. Reuters reportó en febrero de 2026 que Argentina espera ampliar otra vez su superávit energético gracias al mayor transporte y exportación de petróleo y gas desde Neuquén. En ese nuevo esquema, Bolivia pierde centralidad como proveedor dominante y gana peso como país de tránsito dentro de una red que empieza a girar alrededor de la producción argentina.
Así, la afirmación que circula en redes es, en lo esencial, correcta, aunque requiere precisión. Es cierto que Bolivia enfrenta una caída de reservas y producción y que ya aparece sobre la mesa el riesgo de importar gas desde 2031. También es cierto que Vaca Muerta emerge como el nuevo polo gasífero regional. El matiz es que el dato de 3,7 TCF corresponde a una proyección de YPFB y que el escenario importador sigue siendo una advertencia seria, no un hecho consumado.
