Infraestructura: las obras que enriquecen presente y futuro
Nuestra opinión
En el diálogo entre el presidente Mujica y sus colegas de Paraguay y Bolivia resplandeció el propósito de encarar obras comunes de infraestructura regional. Y en la reciente reunión del Consejo de Ministros en la estancia Anchorena se supo que importantes partidas se destinarán a la concreción de algunos proyectos en ese terreno. Son realizaciones que dinamizan el presente y mejoran el país del porvenir. Conviene tenerlo en cuenta.
El encuentro en Asunción de los presidentes de Uruguay, Paraguay y Bolivia renueva ante la opinión pública el tema de las grandes obras de infraestructura que el país y la región tienen por delante. Obras que tienen que ver con el presente y con el futuro nacional, porque en lo inmediato generan empleo y estimulan de modo genuino la actividad y el crecimiento, mientras que su aporte se proyecta hacia el porvenir mejorando la base material del país y las facilidades para vivir y trabajar en él.
En su diálogo con los demás presidentes del casi olvidado Urupabol, las versiones de prensa indican que el presidente José Mujica puso precisamente su énfasis en tres temas que hacen a la infraestructura del país. Se trata del puerto de aguas profundas de La Paloma, de un gasoducto entre la localidad boliviana de Tarija a Montevideo y de la posibilidad de adquirir flujos eléctricos generados por la represa paraguaya de Acaray que pueden llegar a Uruguay a través de los tendidos de Argentina o Brasil.
La propuesta está reflotando una buena idea que por 1963 dio lugar al nacimiento, en el ámbito del Banco Interamericano de Desarrollo, de Urupabol como bloque regional. Los tres países eran complementarios en varios aspectos y era fácil imaginarse una colaboración en la que el aporte uruguayo fueran sus puertos, el boliviano la abundancia de minerales y el paraguayo la amplia disponibilidad de energía eléctrica. El río Paraná, además, brindaba una comunicación fluvial practicable para que productos de los dos países mediterráneos encontraran una fácil salida hacia los puertos uruguayos y a través de ellos a cualquier destino internacional.
La idea cuajó en un tratado suscrito en Asunción a partir del cual se comenzó a colaborar en distintas materias y se establecieron algunos acuerdos sobre temas como la utilización de los ríos para el intercambio de mercaderías. Transcurridos algunos años, la asociación se institucionalizó, eligió como sede a Asunción y tuvo su primer secretario general -un uruguayo-, pero todo se frustró en 1976, cuando Paraguay denunció el tratado. Gobernaba entonces el dictador Alfredo Stroessner, quien a solicitud de Itamaratí -la cancillería brasileña vería a Urupabol como una cuña entre su país y Argentina- denunció el tratado y le quitó a la asociación regional toda posibilidad de sobrevivir. Paraguay no sólo era la sede, sino el eslabón geográfico central.
El diálogo que los presidentes mantuvieron en Asunción permite avizorar nuevos y bienvenidos tiempos de colaboración entre los tres países. No contra nadie, sino con la esperanza de que cuajen estos proyectos comunes, que hacen al bienestar de las tres sociedades nacionales. El presidente Mujica ofreció a bolivianos y paraguayos una salida al mar para su producción a través del puerto de aguas profundas que se desea edificar en el departamento de Rocha, abriendo caminos para que ambos países mediterráneos hicieran un aporte a su construcción y contaran con facilidades propias para realizar embarques y desembarques en nuestro territorio.
El tránsito de mercaderías tendría como etapas el transporte fluvial por el río Paraná hasta Nueva Palmira, luego de su desembocadura en el río Uruguay. Desde los lugares de origen a Nueva Palmira, los traslados se harían en barcazas y a partir de allí en buques de más porte, para finalmente embarcar, ya en el puerto de aguas profundas, en navíos de gran calado y capacidad. Es claro que una buena salida al mar es un gran aporte para Paraguay y Bolivia. Y una gran oportunidad para que Uruguay participe con servicios logísticos en el comercio de ambos socios. Según las informaciones de prensa, incluso Uruguay podría construir las barcazas necesarias, ya que fue en astilleros nacionales -Tzakos y la Armada- donde se fabricaron las que hoy emplea UPM para los embarques de celulosa hasta Nueva Palmira.
El plato fuerte del acuerdo para Uruguay llega por el lado del aporte de energía. Por un lado, gas natural boliviano -ya hay un acuerdo para que el “peaje” por gasoductos argentinos tenga un precio ajustado a los costos-, pero la meta en una nueva etapa es un gasoducto desde Tarija, en la región petrolera boliviana, hasta Montevideo. Razones geopolíticas harían sensato que el tendido se realice a través de Paraguay y Brasil. También, la adquisición de corriente eléctrica generada por Paraguay en su represa propia de Acaray. A partir de la gigantesca obra binacional de Itaipú, ese país cuenta con un superávit importante de energía eléctrica que bien podría servir para cubrir los déficit uruguayos en esta materia. Una operación ventajosa para Paraguay, que exportaría energía a precios de mercado, y muy favorable para Uruguay.
En lo interno, hay otros fuertes anuncios de inversión en infraestructura. Días atrás, luego del Consejo de Ministros celebrado en la estancia de Aarón de Anchorena, se supo la intención del gobierno de incluir en el presupuesto abundantes fondos con este propósito. Es un buen propósito, especialmente reproductivo en el bienestar social y en la actividad económica si se dinamiza -como se anunció- la construcción de viviendas. Otros temas de infraestructura están también sobre el tapete, desde la usina regasificadora con Argentina a la instalación en colaboración con privados de nuevos molinos eólicos. Es por ese camino que efectivamente se engrandece el país y hay que recorrerlo con decisión y equilibrio, porque tampoco se deben afectar las metas macroeconómicas.
Diario ULTIMAS NOTICIAS - Montevideo - URUGUAY - 17 agosto 2010