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abejas 1¿Qué será de las abejas del Uruguay Natural?

Uno de los problemas de la sordera de Uruguay entre el campo y la ciudad es que la muerte de colmenas no sale en tv, no llega ni de cerca a la categoría de “noticia”

Eduardo Blasina Especial para El Observador

Uruguay defiende con uñas y dientes su grado inversor. Y está muy bien. Perderlo sería una muy mala noticia. Pero en apicultura ha perdido al mercado más exigente, Alemania, y casi no nos hemos enterado. Los apicultores cargan bajo sus espaldas varias mochilas que les tocan sin comerlas ni beberlas. En este caso, sí se puede decir sin dudas que es un sector en crisis, con todas las letras, y es una crisis particularmente injusta.

 

Para tener apiario hay que ser bastante especial, pero lo que sin dudas hay que tener es amor por el trabajo y por la naturaleza. Hay que ponerse una overol con velo, guantes, una indumentaria complicada. Luego ir y maniobrar con las colmenas, escuchar el bramido de las abejas enojadas por las molestias causadas, levantarles el techo de la casa para sacarles parte de su trabajo. Un robo con amor apostando a que la colmena se recupere, persista y se multiplique. Una simbiosis de dos especies, Apis melífera y Homo sapiens. Nosotros las cuidamos ellas nos dan parte de su miel y fertilizan sexualmente a las plantas. Fundamental la colmena para la producción en un semillero. Humano, abejas, plantas, cooperando. Y así ha sido por miles de años. Los apicultores en Uruguay son un grupo empresarial sacrificado y en rápida extinción. En los últimos 12 meses 1.000 menos, lo que nos diría que en siete años no quedarían apicultores….Ni tampoco abejas, porque este insecto, es el único que ha sido domesticado. Billones y billones de abejas menos cada año, y cada día tres apicultores que abandonan. Su defensa no puede ser de derecha o de izquierda, sino de ecología bien entendida o pérdida de calidad ambiental.

La presencia de agroquímicos en la miel uruguaya es excesiva, dicen los alemanes. Y eso, con el costo Uruguay vuelve inviable al sector. La exportación cobra US$ 2,35 por litro, deduce austeramente sus costos y paga aproximadamente US$ 1,70 por kilo al productor, pero una vez más, el costo de producción supera al precio de venta. Hacerse picar por las enojadas obreras para perder dinero supera las vocaciones más firmes.

Hay cosecha record en los eucaliptus, pero la miel no se logra colocar. Hubo migración a los eucaliptus, y ahí el glifosato da 50 ppb (algo sorprendente, porque nadie le pone glifosato a eucaliptus en floración). El año pasado muchas colmenas murieron fumigadas en plantaciones de cítricos. Pero los problemas son más estructurales: en un país caro, perder el mercado que mejor paga es fatal.

El desarrollo agrícola de Uruguay ha sido notable, ha transformado al litoral y buena parte del centro de Uruguay y debe sostenerse. La humanidad consume cada vez más proteína animal y vegetal. Y desde la crisis de las vacas locas, la proteína animal se hace en buena medida con proteína vegetal. Los sistemas agrícola ganaderos en los que Uruguay es pionero tecnológico, deben persistir en su desarrollo.

Las oleaginosas llegan para quedarse. Soja, colza, canola, tal vez maní, en Argentina el girasol, más temprano que tarde el cáñamo. Ahora bien. Todo sector productivo debe lograr condiciones de coexistencia. Las abejas nos permiten advertir que hay precauciones que tomar que no están siendo suficientes. Tiene que haber agricultura exportadora pero también productores apícolas capaces de exportar a los mejores mercados.

Hay una barrera que no puede cruzarse: las abejas no pueden morir. No hay desarrollo que compense quedarse sin polinizadores. Quedarnos sin polinizadores es volver al planeta más estéril. Es más, para Uruguay es casi imprescindible en términos de marca país ser potente en apiarios. Qué país natural diremos que somos si dejamos morir a las abejas.

Si se le muestra una colmena de vidrio a un niño de cinco años quedará extasiado, asombrado, observando la danza de comunicación con la que estos himenópteros intercambian información. Aprende que no solo los humanos viven en sociedades organizadas, con reparto de tareas y funciones. Unas salen al exterior a explorar, otras hacen otras tareas, todas protegen a la reina. Y los varones…. !unos zánganos!

Pude ver personalmente el espectáculo de la colmena de vidrio en una Expo Prado a comienzos de los 70 y creo que es algo que todo niño debería observar.

Si mueren las abejas, se rompe un eslabón fundamental de los ecosistemas. Son miles y miles las plantas que han coevolucionado para fecundar plantas que viven a kilómetros de distancia. Las plantas precisan variación, prefieren no polinizarse a sí mismas. Y sin abejas muchas plantas directamente no polinizan, su producción de semilla se derrumba.

A la muerte biológica de los insectos, a la menor producción derivada de la pérdida de calidad ambiental, a la merma en la cantidad de flores en el paisaje, se suma un problema comercial que impide agregar todo el valor posible. Y los apicultores no están pudiendo pagar microcréditos y el desaliento les gana.

Salvar a las abejas seguramente requiere mucha ciencia, mucha ecología científica. Avanzar en calidad de aguas, en defensa y promoción de la biodiversidad, en estímulo al monte nativo protegiendo los cauces de agua, al buen manejo del campo natural, la promoción de la siembra de flores nativas, la exigencia incluso de la existencia de franjas de biodiversidad, el control estricto sobre los productos aplicados y su deriva, el freno a los problemas de exceso de fósforo, nitrógeno y otros elementos en el agua.

La salud de las abejas es la síntesis de la salud ambiental de Uruguay. Cada colmena nos toma examen como sociedad. Salvar a las abejas y a los productores que las cuidan, es fundamental para la ganadería uruguaya, además.

Si las primaveras en las zonas agrícolas se vuelven silenciosas, quiere decir que habrá que cambiar la agricultura hasta restaurar el bullicioso zumbidos del mangangá amarillo, abejas, avispas, abejorros, todos los polinizadores y cuantos más mejor.

Uno de los problemas de la sordera que tiene Uruguay entre el campo y la ciudad es que la muerte de colmenas no sale en tv, no llega ni de cerca a la categoría de “noticia”. Pero si el sector apícola colapsa, podemos no tener la más mínima duda que estaremos ante una noticia catastrófica.

Las abejas son claves en la salud de las praderas, como polinizadoras que son. Algo que con lucidez explicó Charles Darwin en El origen de las especies: “Podemos inferir como altamente probable que si todo el género de las humildes abejas se extinguiera o fuera muy raro en Inglaterra, el trébol rojo se volvería muy raro o desaparecería por completo”. Maurice Meterlink, premio Nobel de Literatura por sus libros La vida de las abejas y la inteligencia de las flores, postuló que de extinguirse las abejas miles de especies de plantas irremediablemente desaparecerían.

Más tarde o más temprano la protección de los cultivos habrá de reformularse. Mi impresión es que los microorganismos asumirán el protagonismo de la fertilización y la protección agrícola. Manejos de suelos apuntando a optimizar la biodiversidad microbiana. Optimizar lo que Lynn Margulis llamó el planeta simbiótico. Para llegar a un desarrollo agrícola simbiótico con suelos y abejas, como siempre, lo que se precisa es más y mejor ciencia, y dejar de lado cualquier dogmatismo. Y al mismo tiempo celeridad. Porque si no se revierte la tendencia, en poco tiempo no quedarán apicultores ni abejas por rescatar.

Diario EL OBSERVADOR - Montevideo - URUGUAY - 21 abril 2018