granjaLa granja uruguaya busca adaptarse al cambio climático y la vanguardia productiva

Tajamares secos, innovaciones tecnológicas, montes dañados por un clima adverso, fruta de alta calidad y la ausencia de granjeros jóvenes

Por Juan Samuelle
Erick Rolando es el presidente de la Confederación Granjera del Uruguay (CGU).

Su producción frutícola la realiza en un predio de Juanicó, a media hora del centro de Montevideo, donde en 15 hectáreas se aprecia todo lo bueno y lo malo que hoy caracteriza al sector: tajamares casi secos, ensayos con innovaciones tecnológicas de vanguardia, perales y durazneros que no dieron producción por los efectos del cambio climático, genética frutal de alta calidad y gente con varias décadas trabajando en los montes porque el recambio generacional brilla por su ausencia.

El sector granjero uruguayo atraviesa una turbulencia que traen consigo desafíos a corto, mediano y largo plazo. El área destinada a la producción ha tendido a reducirse en los últimos años, la fruticultura no ha escapado a ese fenómeno. El número total de manzanos, perales y durazneros que releva la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA) muestra un claro sesgo bajista. Mientras que la zafra agrícola 2007/08 había casi 3,5 millones de árboles de manzanas, la campaña 2015/16 cerrón con poco más de 2,9 millones, lo mismo ocurrió con la pera que pasó de casi 700 mil a poco más de 500 mil, mientras que el durazno bajó de algo más de 1,7 millones de plantas unos 1,1 millones árboles al final de la última campaña relevada. Según explicó Rolando, la actividad ha tendido a reducirse en en número de hectáreas en los últimos años porque también se intensificó la productividad y cantidad de plantas por hectárea (ha).
Además, es habitual que cuando el tiempo juega una mala pasada no quede otra alternativa que recurrir a la importación para cumplir con la demanda del mercado interno en variedades fuertes como la manzana o la pera, pero también se puede ir hacia el otro extremo. De acuerdo a la anuario anual de la Opya, la producción de manzanas del 2017 llegará unos 60 mil toneladas, lo que implicaría un aumento del 50% sobre la campaña anterior.

Sin embargo, para este 2018 las expectativas apuntan a una oferta de manzanas, peras, duraznos y ciruelas sensiblemente menor al registrado el año pasado. “Nuevamente, al igual que el invierno de 2015 -que limitó la oferta de 2016-, las condiciones climáticas del invierno 2017 con menor cantidad de horas de frío sería un factor explicativo importante” para que caiga “sustancialmente la oferta”, alerta Opypa. Según datos de la estación meteorológica de INIA Las Brujas, el total de horas con temperaturas menores a 7,2°C fue de 388, de los mínimos registros junto con el año 2001, 1986 y 1985 de la serie disponible desde 1973.

Dos veces presidente
Rolando es presidente por partida doble. Es el titular de la CGU y preside la Asociación de Fruticultores de Producción Integrada (Afrupi).

A su predio productivo, que se extiende sobre 15 hectáreas en las que trabajan dos empresas, la suya y la que orienta su hermano, se accede desde el km 35 de la ruta 5, en Juanicó, Canelones.

Hace 10 años, dada la ausencia de una rentabilidad adecuada, abandonó la horticultura y concetró sus esfuerzos en la fruticultura. Priorizó canalizar las inversiones en riego, maquinaria, cámaras y genética en los montes con manzanas, peras, duraznos y uva para consumo como fruta porque también la realidad lo empujó a descartar la viticultura con destino de vinificación.

El mismo vende su fruta, en Montevideo y Canelones, básicamente a puesteros. En la crisis de 2002 dejó de ir al Mercado Modelo "porque los números no cerraban" y porque "los pagos eran a muy largo plazo".

Ahora, además, vende algo de fruta a la industria, para producir sidra y dulces, en este último caso en vínculo con la empresa vecina Viscardi & Álvarez, estando sin operar la venta a industria para producir jugo desde que cerró el Frigorífico Modelo.

Una batalla desigual
Los granjeros que han evitado bajar las cortinas para no volver a levantarlas siguen dando batalla en un combate muy desigual. No bajan los brazos, pero temen que no les quede otra. Porque a los costos productivos elevados, la baja en el mercado consumidor de lo que producen, la falta de recambio generacional y los precios que logran sin que les quede un margen adecuado se añadió en estos últimos tiempos un nuevo enemigo: el cambio climático.

"De las últimas tres zafras de pera perdimos dos. Esta vez por la falta de días con el frío necesario en el último invierno perdimos toda la pera y además eso afectó al durazno. Hay riesgo en muchos casos de pérdidas de plantas y hasta de montes enteros", comentó.

A bordo de un tractor de mediados del siglo pasado, Rolando recibió a El Observador en su granja. Separados por un camino interno, mostró de un lado un adelanto tecnológicos que está ensayando (producción de manzana con las plantas cubiertas por mallas sanitarias para evitar el ataque de insectos) y del otro a uno de sus tajamares prácticamente seco, tanto que se veían algunos bagres muertos e iban quedando al aire las cuevas que cavan los carpinchos y suelen estar bajo el nivel del agua.

Lo último de Italia en Juanicó
El ensayo con malla sanitaria en uno de los cuadros con manzanos.

Sobre lo primero, destacó que en el marco del Fondo de Promoción de Tecnología Agropecuaria (FPTA), accionando con el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (como se hace con la Facultad de Agronomía en otros ámbitos), productores viajaron a Italia para conocer manejos y desarrollos tecnológicos que, una vez validados a campo en Uruguay, permitirán mejores cuidados de los recursos y mayores productividades, poniéndose a la vez a resguardo de las adversidades que genera el cambio climático.

Machucadoras de yuyos y mallas sanitarias

Por un lado, "estamos trabajando en la incorporación de maquinaria que nos ayude a reemplazar el uso de herbicidas, que son cada vez menos eficientes y son algo que los mercados comenzarán a exigir cada vez más un uso menor o nulo; si no nos ponemos al día, no podremos exportar".

Se identificaron tres máquinas para traer. Reemplazan el uso de herbicidas. Una tiene un sistema de tanza, otra trabaja con disco y la tercera con cadena. "Andan bien, tenemos que ver cuál se adapta mejor", indicó. Explicó que, por decirlo de un modo práctico, "machucan" el yuyo matándolo en forma mecánica, evitando el uso de productos químicos.

Por otro lado, en Italia se visitaron estaciones experimentales y esa experiencia permitió traer a Uruguay un modelo de malla sanitaria que permite controlar el ataque de insectos y enfermedades en forma natural.

Con cero aplicación de agroquímicos, en un ensayo que se hace en su granja, ya se obtuvieron resultados iniciales prometedores.

"Está funcionando muy bien, no aplicamos insecticidas ni fungicidas y las plantas están espectaculares, con un follaje mejor al del monte vecino que tiene un manejo con producción integrada donde el control de los fitosanitarios se hace, pero en forma controlada", comentó.

Resta obtener con el paso del tiempo algún otro dato clave, como los rendimientos que se logren en esos manzanos. "Nos enfocamos primero en los aspectos de las aplicaciones, tenemos que trabajar ahora en el tema polenización, en las técnicas de abrir la malla para que las abejas trabajen cuándo y cómo corresponda", explicó mientras, con entusiasmo, mostraba al periodista "el chiche nuevo".

La fruticultura uruguaya "es top en el mundo"
Ensayan el uso de variedades más resistentes a las plagas, insectos y al cambio climático.

Todo esto, reflexionó el presidente de los granjeros, "nos permite decir que la fruticultura uruguaya es top en el mundo en relación a cómo hacer las cosas bien, tenemos los conocimientos, pero está la limitante de los costos, hay máquinas inaccesibles porque salen US$ 30 mil o US$ 40 mil, pero hay algunas que pueden salir mucho menos de la mitad y son a las que apuntamos. Esta tecnología de la malla sanitaria, por ejemplo, recién apareció en Europa y ya la estamos probando acá, eso dice que si se quiere y están las herramientas se puede estar a la vanguardia".

Hay que tener riego "sí o sí"
Uno de los tajamares que luce claramente el impacto de la ausencia de lluvias.

Volviendo a cómo el estado del tiempo juega en contra, Rolando recordó que al invierno pasado con días de temperatura promedio por encima de lo habitual le siguió esta ausencia casi total de lluvias en el verano. En enero llovió 60 mm y en febrero 16 mm. Mucho menos de lo habitual.

Rolando pudo ir llevando el tema "bastante bien" porque dispone de varios tajamares y puede regar, pero eso no sucede con todos e incluso a veces, si la seca es de gran magnitud, tampoco alcanza.

"Tenemos riego por el apoyo del ministerio de Ganadería, yo arranqué a aprovechar la ayuda oficial con el Predeg, un programa del año 2000, hace poco hubo nuevos apoyos del Fondo de la Granja y hay que engancharse en eso porque sin riego el riesgo es tremendo, con costos altos, problemas para vender... si no tienes riego es muy difícil", comentó.

"Acá no hay agua subterránea, la única es acumular agua y las inversiones que hicimos todas dieron resultado. Tenemos 15 hectáreas en producción y dos de esas hectáreas son infraestructura para regar. Hoy hay que tener riego sí o sí", enfatizó.

Los datos de DIEA confirman una fuerte penetración del riego en los granjeros uruguayos. De acuerdo a la información del organismo, el 78% de las plantas de manzanas en Uruguay están con riego, en la pera el porcentaje llega el 74%, nectarino 61% y en los duraznos 55%.

El apoyo del MGAP
En varios montes hay plantas que no dieron cosecha y quedaron afectadas para la próxima zafra.

"Perdimos pera, perdimos durazno, el agua nos dio justito para terminar la manzana y la uva de mesa... la verdad pudo ser peor. Esta seca fue tremenda. Y menos mal que hubo ayuda oficial para poder cubrir las deudas y tener con qué arrancar la próxima zafra", comentó, aludiendo al apoyo que el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) brindó a los granjeros con producción de pera, durazno, ciruela y pelón, gestionado por la Dirección General de la Granja y la Junta Nacional de la Granja.

"Producir una hectárea de pera costó de US$ 9.000 a US$ 10.000, eso lo invertimos el año pasado y no tenemos nada para cosechar, muchos tienen pérdidas totales y lo que se nos da a través del Fondo de la Granja es el 50% de eso y es algo que le permite a mucha gente afrontar de mejor modo el mal momento", comentó.

Precisó, además, que no solo se perdió una cosecha: las plantas quedaron tan afectadas que se teme que una buena parte de los montes rindan menos de lo habitual en la campaña venidera.

Un aspecto diferencial en el apoyo señalado es que a los productores que participan en el Manejo Regional de Plagas (básicamente, se trata del uso de técnicas de confusión sexual para un control natural, no químico, de plagas) se les otorga el 100% del dinero, en tanto que quienes no se han vinculado al mismo (son los menos) reciben la mitad, en una clara señal del gobierno ministerial de respaldar de mejor manera a quienes apuestan a producciones sustentables.

"No se trata de castigar a nadie, se trata de premiar a quien se vinculó a esto tan importante y estimular a los que no lo han hecho para que se vinculen", reflexionó.

El costo mayor: la mano de obra
En otro orden, el 60% de los costos productivos en una granja corresponden al rubro mano de obra, informó, "y es lógico que nuestros empleados ganen bien, necesitan ciertos ingresos porque para nosotros está caro producir y para ellos está caro vivir, lo entendemos", dijo Rolando.

Pasando raya, expresó, "el problema se basa en el alto costo país que tenemos, que no es de ahora, viene desde hace muchos años y algo que lo sufríamos en la granja ahora lo sufre todo el agro, el alto costo país como bajaron los precios de los commodities le pega a todos, hasta lo sufren los arroceros que tienen una productividad ejemplar en el mundo y están en rojo".

Según Opypa, el salario mínimo nominal de la categoría peón común se encontraba al cierre de 2017 en $ 18.181 por 48 semanales (incorporando el ficto de alimentación y vivienda), registrando un crecimiento real (por arriba del IPC) de 5,8% promedio anual entre 2007 y 2017.

El otro 40% son inversiones necesarias en riego, de gasoil, de productos fitosanitarios y otros costos, mencionó.
Se viene la marca "Tu fruta"

Rolando, ya en charla con el periodista en un lugar más fresco que los montes, en la cocina de su casa, adelantó que en pocos días habrá un llamado, en el marco de una licitación pública, para emprender una nueva campaña de estímulo al consumo de frutas y hortalizas en el que accionarán el sector público y el privado.

"Educar a la gente, sobre todo a las próximas generaciones, cuesta mucho dinero pero hay que hacerlo, porque los niños, los adolescentes, tienen mucho acceso a una serie de alimentos que son muy promocionados, comida chatarra o snacks, todos alimentos procesados y por eso la parte pública y privada tenemos que esforzarnos en ver cómo la gente pueda comer más sano, evitando problemas de salud y eso de paso nos ayudar a comercializar mejor a nosotros", dijo.

Afrupi, por ejemplo, está próximo a lanzar al mercado una marca propia de frutas, que se llamará "Tu fruta", en el marco de apoyos logísticos y de infraestructura para que una sociedad anónima, denominada Gama Natural, sea el agente comercializador.

¿Quién seguirá con la granja?
Preocupa el futuro del sector dada la falta de estímulos para las nuevas generaciones.

Rolando integra una quinta generación familiar que trabaja en la granja. A su padre, a sus abuelos y a los anteriores ni que hablar, nunca se les pasó por la cabeza la idea de una generación siguiente que pensara en desempeñarse laboralmente fuera de la granja. Pero está sucediendo.

Erick tiene dos hijas y cuatro sobrinos. "Esta es una empresa familiar y ninguno de ellos, por edad algunos y por otras razones otras, se está capacitando técnicamente en lo productivo, en las tareas de campo. Una de mis hijas estudia en el eje financiero y económico y otra en la social, así que podrán estar relacionadas con la granja si uno les deja esto armado, pero no es fácil porque se necesita que alguien accione en los montes, en las cámaras, en la venta a los puestos", comentó con un dejo de tristeza.

Un riesgo: que el durazno cueste siempre más de $ 100
"Hasta que no se tome conciencia del valor que para el país, para su sociedad, el sector granjero va a ser bravo entusiasmar a las nuevas generaciones. Es clave que se baje el costo país si no cada vez se perderán más sistemas productivos, por la falta de rentabilidad, por eso afirmamos que sin duda está en juego la soberanía alimentaria".

Este año el durazno se llegó a pagar a más de $ 100 el kilo, porque no hubo producción local, se perdió el 90% y fue necesario importar. La gente se quejó, muchas veces sin saber los motivos y lo que deben saber es que si la granja se sigue achicando y desaparece no tendrán que pagar esos $ 100 un verano cada tanto, lo tendrán que pagar siempre.

Mientras tanto, "nosotros hacemos lo que podemos y más allá de investigar en nuevas herramientas y métodos productivos también estamos preocupados por investigar en nuevas variedades que sean más resistentes a todo lo que involucra el cambio climático".

Es clave estimular a un aliado ideal: la industria

"Estamos a tiempo, tenemos el capital humano, tenemos el conocimiento, tenemos el Fondo de la Granja con un presupuesto de $ 350 millones y un remanente sin utilizar de unos US$ 50 millones... hay que sentarse a hacer un proyecto viable a mediano y largo plazo para hacer sustentable a la granja. Hay que ponerle cabeza. Por ejemplo, ver cómo evitar la concentración de la producción para que el productor chico no desaparezca, es riesgoso que toda la producción hortifrutícola quede en manos de 10 empresas", reflexionó Rolando.

Al respecto, señaló que "un aliado ideal" del granjero es la industria que procese productos de granja que no califiquen para la venta en fresco.

Lamentablemente, dijo, "eso se ha desmantelado, en jugos casi no existe y en dulces, por los altos costos industriales, va desapareciendo. La realidad muestra que les conviene más importar que producir acá comprándole a los productores locales con todo lo que eso mueve. Las industrias locales, chicas, están muy en desventaja con las multinacionales".

Cifras
De acuerdo a información del Banco Central el endeudamiento del sector frutícola en su conjunto a setiembre de 2017 llegaba a unos US$ 27 millones, un 12% por debajo de un año atrás.

US$ 4,6 millones exportó Uruguay de manzanas en 2017, y otros US$ 1,6 millones en peras.

Diario EL OBSERVADOR - Montevideo - URUGUAY - 12 marzo 2018