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bosque Upm FINLANDIAUPM: Las grandes empresas y la izquierda

"Un hombre debe hacer aquello que su deber le dicta, cualesquiera que sean las consecuencias personales, cualesquiera que sean los obstáculos, el peligro o la presión. Ésta es la base de toda la moralidad humana" J.F. Kennedy.

Por Esteban Valenti (*)

Hay temas que últimamente en lugar por entrar por la puerta grande de los proyectos, de los grandes objetivos, del avance, muchas veces entran por la claraboya de las porquerías. Es el caso de algunas  empresas públicas durante nuestros gobiernos, los de izquierda.

De los proyectos de izquierda, del proyecto nacional para el Uruguay que promueve la izquierda uruguaya se han dicho muchas cosas, en todas absolutamente en todas ha tenido un lugar destacado el papel de las empresas del estado. Por razones históricas y por encadenamientos programáticos y en algunos casos corporativos e ideológicos.

Comencemos por lo elemental, las empresas públicas tienen o deberían tener entre sus prioridades, en la primera, la segunda y la tercera prioridad, servir al país, a su desarrollo y hacerlo de la manera más eficiente y justa posible. Por la razón del artillero, o mejor dicho del propietario, son de propiedad de toda la sociedad uruguaya, para los que les gusta más el término, son del pueblo. Y nunca, jamás han sido ni tienen que ser del sindicato de esa empresa o del conjunto de sindicatos de las empresas públicas. Eso sería una aberración. Y esa aberración ha sucedido muchas veces, con nuestros gobiernos, aunque algunos lo sepan y se lo callen y otros se hagan los distraídos y unos cuantos se hayan beneficiado indebidamente.

Las empresas públicas solo pueden jugar su verdadero papel de motor del desarrollo con justicia sin son efectivamente del pueblo, si son de sus empleados o en el peor de los casos si algún directorio se siente propietario a todos los efectos, es un verdadero desastre.

No hay proyecto de izquierda, sin empresas públicas eficientes, en permanente proceso de modernización, que tienen planes estratégicos, con gerencias y direcciones al servicio de esos grandes objetivos y que actúan con gran honestidad, rigor y profesionalidad. Los obreros y las cocineras de acuerdo a la liturgia "revolucionaria" no sirven para esas labores y llevan al desastre. Tenemos abundantes ejemplos en Uruguay y en otros países.

En el Uruguay todo tiene además una base histórica, el estado del bienestar, de vanguardia en los años 20 y 30 del siglo pasado, el batllismo para ser más precisos, tuvo en las empresas públicas uno de sus principales puntos de fuerza y se metió hondo en la cultura y en la conciencia de los uruguayos. Ni que hablar de la izquierda y generó un sólido sector profesional y técnico, luego dilapidado en buena medida en el reparto del 3 y 2.

Defender las empresas públicas fue siempre parte fundamental de las plataformas de las organizaciones de trabajadores y de la izquierda. El neoliberalismo siempre tuvo entre sus prioridades privatizar los entes y bancos del estado. Esos planes no los derrotó solo la izquierda, sino la mayoría de la sociedad uruguaya. En muchas oportunidades.

Ni siquiera los militares durante la dictadura se animaron a destruir el tejido de las empresas del Estado.

No es por maldad o bondad que tenemos diferencias con la derecha sobre el manejo de as empresas del Estado, sino por algo más profundo, porque tenemos visiones diferentes sobre las prioridades productivas y sociales. Por eso afectar a las empresas del estado es profundamente reaccionario, aunque se haga levantando las banderas de los gastos sin límites y de las inversiones descontroladas.

La peor derrota reciente de las empresas públicas fue la gestión de algunas de ellas por parte de directores designados por la izquierda, en particular ANCAP, pero no solo.

Inflar de personal como no se había conocido antes, con situaciones ridículas como por ejemplo que en la producción de portland o de cal, más que se triplicó a una empresa privada que produce exactamente lo mismo la misma cantidad de casi 500 mil toneladas anuales de cemento. Ese es el caso extremo.

El aumento descontrolado de los costos con rendimientos deplorables y defendiendo posiciones de privilegio que nada tienen que ver con los intereses de la empresa pública, sino la de determinados sectores sindicales combinados con ciertas gerencias de ANCAP como la logística, el transporte fluvial, la boya petrolera, los muelles de descarga o los jardineros, no son episodios, son la absoluta negación de una visión progresista del papel de las empresas públicas y el privilegio de pequeñas corporaciones que utilizan al sindicato para sus objetivos. Y hasta los disfrazan con consignas.

Ahora vamos a tener dos pruebas muy duras, que ojalá no tuviéramos que afrontarlas, que pudiéramos recurrir a nuestra práctica normal para que se cumplieran los objetivos propuestos, me refiero a AFE y a la ANP.

Basta observar por un instante el estado de los trenes, las vías, las estaciones de AFE para darse cuenta que son chatarra, son una rémora incapaz de cumplir cualquier misión seria. ¿Alguien cree que con esa empresa, ese personal, esas gerencias, esa estructura le podemos garantizarle al Arcángel Gabriel que los trenes circularan durante 360 días al año para transportar 2 millones de toneladas de pulpa de celulosa y otro tanto de cereales hasta el puerto de Montevideo. Yo si fuera UPM tendría una leve duda.

Y por eso lo ponen en el Contrato como condición sine qua non, sin la cual no pueden construir la mayor planta de celulosa del mundo en el corazón, casi desierto del Uruguay.

Si alguien no nos pone la pistola en el pecho y nos deja por escrito: que para construir una planta de 2.400 millones de dólares, más forestación, más maquinaria forestal, más plantaciones y viveros, más puerto especializado, nosotros tenemos que garantizarles que podremos llevar la producción al puerto de Montevideo, que es el único con profundidad para completar las naves de más de 43 mil toneladas que zarpan para China. ¿Nos asombramos? ¿Nos ofendemos? Simplemente miren el estado actual del ferrocarril, da vergüenza.

Y eso vale para la carga de UPM, pero también para la del millón de hectáreas de la zona centro del país que podrían pasar a producir cereales si lo pueden transportar por ferrocarril, por carretera no les cierra un número.

UPM nos va a vender 72 millones de dólares anuales de energía eléctrica. ¿podremos utilizarla, venderla o qué? Claro que podemos, basta que la pongamos a un precio razonable para el agro (riego y tambos) y para la industria como para que la energía eléctrica sea un potente incentivo para que se instalen empresas de consumo intensivo de energía y las actuales mejoren sus números. Incluyo el transporte eléctrico en sus diversas modalidades. Combinando todo lo que hemos hecho en UTE, los privados (eólica, solar, biomasa) podemos dar un enorme salto productivo. Claro que si nuestro objetivo es seguir tapando los tremendos agujeros de los ex monarcas de ANCAP, sus inversiones desmesuradas y descontroladas, sus viajes de las mil y una noche, sus aviones privados, sus tarjetas corporativas ligeritas, entonces la nueva energía seguirá siendo una nueva carga para los consumidores nacionales.

El contrato tiene clausulas llamativas y que me molestan, pero las entiendo. Son las que nos obligan a desarrollar y perfeccionar la educación técnica y profesional en una serie de disciplinas vinculadas a la producción forestal. Tendría que surgir espontáneamente, impuesto por nosotros si queremos buenos empleos, buenos profesionales y buena educación. Yo si fuera UPM y viendo los datos actuales me atacaría una leve preocupación. Y está muy bueno que TENGAMOS QUE HACERLO A COMO DE LUGAR EN TODAS LAS UTU Y UTEC DE LOS ALREDEDORES. Es progreso, es civilización, es educación. Lástima que nos venga impuesto.

Sobre la relación del medio ambiente con una planta de esas dimensiones, los resguardos, los controles corren o deben correr por nuestra cuenta, en las dos plantas anteriores cumplimos y alcanzamos estándares de protección ambiental que no se repiten en toda América Latina y son iguales a las que funcionan en Finlandia, que son muy exigentes. De todas maneras es un tema emergente: empresas públicas industriales, medio ambiente y Uruguay Natural. Hay que poner 8 ojos y mucho cerebro.

Si el Proyecto Nacional, cumplidos los doce años de su puesta en funcionamiento en medio de la mayor crisis que recuerde el país, ahora es la suma de las pequeñas charcas de muchas, demasiadas oficinas viejas y nuevas que funcionan en el Estado, si los grandes proyectos van a ser mirados por los opositores como si no conocieran el país y no tuvieran nada ver que ver con la hipertrofia de funcionarios públicos de confianza o sin confianza, y por los sindicatos para ver que tajadita propia, única, podrán obtener en el reparto, lentamente iremos hacia la decadencia de las décadas anteriores. Lo importante no será quien administre esa decadencia, sino quien está dispuesto a aprovecharla mejor.

Uruguay, con el esfuerzo de la inmensa mayoría de su sociedad - ¡no de toda!- ha construido las bases para darle un gran impulso a una etapa nueva de cambios, profundos, estructurales, irreversibles, en el mejor sentido de la palabra, esos cambios donde se asocia lo material y lo espiritual de un pueblo y crean una cultura del progreso, de la audacia, del atrevimiento y de trabajo. No lo vamos a lograr solos, tenemos que utilizar todas las oportunidades.

También tenemos que asumir que dentro de nuestra sociedad, de nuestro mundo político y a todos los niveles, hay demasiada gente sorbiendo de una posible paralización y decadencia, para sacar un poquito de jugo.

Una de las puertas claves es lograr que las empresas públicas sean el motor de esos cambios, las empresas industriales, de energía, de comunicaciones, de agua corriente, del ferrocarril, de los puertos, los bancos. También asumamos que hay muchos intereses para que eso no suceda.

En algunos casos porque esa visión corporativa de las empresas del estado contiene la base, el germen de una visión mucho más amplia y trágica del Estado devorando a toda la sociedad y confundiendo progresismo e izquierda, con corporativismo, del peor. Y un enorme Estado panzón y prebendario.
(*) Periodista, escritor, director de UYPRESS y BITACORA. Uruguay.

BITACORA - Montevideo - URUGUAY - 20 noviembre 2017