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MUNYOIgnacio Munyo Director del IEEM
“Se hace difícil imaginar un nuevo impulso de crecimiento”
Según Munyo, con atraso cambiario de 15% se dificulta rentabilizar la inversión
Munyo proyecta una baja en las tarifas públicas para 2019”El director del Centro de Economía, Sociedad y Empresa del IEEM, Escuela de Negocios de la Universidad de Montevideo, Ignacio Munyo, trazó una panorama optimista para la suerte de la economía uruguaya en el corto plazo (hasta 2018), pero advierte que se le “nubla la vista” más allá de ese horizonte porque es difícil rentabilizar la inversión privada. Es pesimista sobre la meta de llevar el rojo de las cuentas públicas al 2,5% del PIB al final del período de gobierno; espera un afloje en las tarifas públicas de UTE y ANCAP para el año electoral (2019), al tiempo que sigue machacando con su idea de abandonar el Mercosur. Antes de brindar una charla de coyuntura organizada por el IEEM y El Observador, el experto accedió a dar su punto de vista sobre algunos tópicos de la agenda económica.

¿Cuál considera que es hoy la principal amenaza que enfrenta la economía uruguaya?

Este año vamos a crecer porque el contexto externo volvió a ser favorable para nuestro país. Tengamos presente que dos tercios del crecimiento en el corto plazo se explica por la influencia de factores externos, para bien como para mal, nos guste o no. El año que viene vamos seguir con algo de viento de cola. El problema es cuando miramos algo más lejos en el horizonte. Ahí –más allá de la inversión puntal asociada a la tercera planta de celulosa– se me empieza a nublar la vista. Estamos bastante más caros que lo que deberíamos en relación a nuestros socios comerciales, según nuestros números el atraso cambiario es del orden del 15%. Sin márgenes de rentabilidad para la inversión privada se hace difícil imaginar un nuevo impulso de crecimiento. Por el lado cambiario no es esperable un abaratamiento repentino de nuestro país como en episodios del pasado. El ajuste va a tener que venir por reformas que incrementen las oportunidades de negocios y reduzcan las ineficiencias. Ahí es donde empieza a morder la agenda pendiente que tiene el país. Por agenda pendiente me refiero a los avances que necesitamos implementar en materia de inserción internacional, educación, políticas de empleo (que incluye retoques en la regulación laboral) y mejoras de eficiencia en el Estado.

El ministro Astori dijo en el Parlamento que, producto de una mayor actividad respecto a la proyectada, la recaudación impositiva aumentará en unos US$ 200 millones en 2018. ¿Con eso es suficiente para cumplir con la meta del 2,5% para el final del período?

Veo muy difícil que se pueda alcanzar la meta del 2,5%. A pesar del enorme esfuerzo del equipo económico, el gasto público no ha dejado de crecer en los últimos dos años. Es verdad que se enlenteció su crecimiento en comparación al gobierno anterior, pero sigue creciendo y es hoy 90% superior en términos reales de lo que era hace 10 años. Veo poco probable que en la Rendición de Cuentas previa al año electoral y durante el año electoral se frene el crecimiento del gasto público. Al mismo tiempo veo probable que las tarifas de las empresas públicas dejen de ser una fuente de recursos fiscales en el año electoral. Es cierto que la actividad económica va a crecer, pero no lo suficiente como para que una mayor recaudación impositiva logre más que compensar el aumento de gasto y los menores ingresos de las empresas públicas de forma de reducir los niveles actuales de déficit fiscal.

¿Qué acciones podría tomar el gobierno para promover el empleo? ¿Encuentra alguna explicación para esa disociación entre mejora del PIB y empleo estancado?

Hoy estamos observando un crecimiento del PBI impulsado por sectores que contratan poca mano de obra. La pregunta relevante es por qué pasa esto. Creo que la explicación viene por una combinación de dos factores independientes que se presionan hacia el mismo lado: atraso cambiario y robotización. La situación persistente de atraso cambiario que sufre el país se está llevando toda la rentabilidad de la inversión. Todos los empresarios con los que hablo y tienen intenciones de ampliar la producción y abrir una nueva línea de negocios lo tratan de hacer minimizando la contratación de mano de obra. Hace muchos años ya que la rigidez de la regulación laboral es percibida como una de las principales trabas para invertir en el país. Si a esto le sumamos los cambios que estamos observando en el mercado de trabajo, es difícil pensar en una recuperación sostenida del empelo sin retoques en la regulación laboral. No estamos pensando en la reforma de Brasil, que en muchos aspectos no aplica. Estamos pensando en una reforma laboral a la uruguaya que está basada en los desafíos que la robotización impone a nuestros trabajadores. Más de la mitad de las posiciones ocupadas en nuestro país corren un alto riesgo de extinción tal como están concebidos, porque ya no va a ser necesaria una persona para cumplir con esa tarea. Hoy un contrato de trabajo para personas debería dejar mucho más espacio para que la creatividad y la empatía (características no robotizables, inherentes a la condición humana) pudieran emerger y desplegarse en todo su esplendor. Al mismo tiempo es clave avanzar con programas de reconversión laboral de los trabajadores para que se puedan adaptar al avance tecnológico. En este sentido hay buenas señales desde el Inefop.

ANCAP aseguró que refinar crudo en Uruguay es más rentable que importar derivados (en 2016 se ahorró US$ 69 millones). ¿Comparte esa apreciación?

Lo primero que hay que tener presente es que para llegar a esa conclusión ANCAP no considera los costos fijos de la refinería, solo consideró los costos variables de refinar. No quiero entrar en esa discusión. Tampoco quiero discutir el tecnicismo del cálculo de la paridad de importación, de lo que hay que incluir o no (por ejemplo el subsidio al biocombustible), de si se puede hacer por barril importado o por tipo de combustible (nafta super y gasoil por separado). Prefiero hacer un cálculo mucho más simple. Hace algunos días nos enteramos que en el primer semestre de 2017 ANCAP ganó US$ 77 millones, lo que se contrastó con el pasado reciente de la empresa. Es cierto que, por ejemplo, en el primer semestre de 2014 ANCAP perdió alrededor de US$ 160 millones. Sin embargo, mientras en el primer semestre de 2014 ANCAP tuvo que comprar los 8 millones de barriles de petróleo que refinó en La Teja a US$ 109 cada uno y con dólares a $ 23, en el primer semestre de 2017 ANCAP pudo comprar los mismos 8 millones de barriles de petróleo a US$ 52 cada uno y dólares a $ 28. Esto, solo esto, hizo que en el primer semestre de 2017 ANCAP tuviera que gastar en el entorno de US$ 270 millones menos que en el primer semestre de 2014. Entonces, creo que es justo preguntarse: ¿Con las tarifas fijas, cuánto subieron los costos de ANCAP en tres años para ganar solo US$ 77 millones? O si prefieren: ¿A cuánto tendrían que haber subido las tarifas para ganar US$ 77 millones con el petróleo en pesos de tres años atrás?

¿Es optimista en que el próximo año pueda procesarse un “sinceramiento” en las tarifas de UTE y ANCAP?

En el 2018 no espero una baja significativa, pero si esperaría noticias en el 2019: año electoral con resultado abierto...

El gobierno intentó un TLC con China, pero Brasil frenó esa iniciativa. ¿Qué alternativas le quedan al país para mejorar su inserción? ¿La salida del Mercosur no sería un golpe duro para la mayoría de las industrias uruguayas?

Pasa el tiempo y seguimos sin una agenda clara de inserción internacional. Esperaremos a las elecciones de Brasil del año para saber si es viable esperar que el Mercosur nos permita avanzar de forma unilateral en una agenda de apertura de mercados que el país necesita como agua fresca. No hay misterio, los datos son contundentes. El 80% de los países que escalaron posiciones relativas en desarrollo humano en los últimos 20 años lo hicieron abriendo la economía. Es vital centrar el debate de nuestra inserción internacional. Si tuviéramos claro todo lo que el Mercosur nos está costando, todo lo que estamos perdiendo, no tendría que ser tan difícil. Tenemos que ser conscientes que la protección de determinados sectores ya no se logra con tarifas al comercio exterior. Hoy con la incorporación de tecnología, uno puede terminar protegiendo lo que de todas formas tiene de desaparecer. Es cierto que hay sectores productivos que dejarían de ser competitivos con una mayor apertura comercial del país, pero también es cierto que solo el avance tecnológico en estos sectores está reduciendo todos los días, nos guste o no, las posiciones laborales disponibles. 

Diario EL OBSERVADOR -  Montevideo -  URUGUAY -  31 agosto 2017