¿Esta boca es mía? LA INCONTINENCIA VERBAL DE LOS CANDIDATOS
El candidato frenteamplista José Mujica da rienda suelta a su carácter y reparte su pensamiento por doquier, aparentemente sin medir las consecuencias. A su favor se puede afirmar que, precisamente, esa cualidad es la razón de su carisma, aunque algunas afirmaciones resulten difíciles de digerir para sus seguidores. En la vereda de enfrente, Luis Alberto Lacalle no puede ocultar su pensamiento conservador, se desboca en afirmaciones autoritarias y reafirma su rechazo visceral a la izquierda.
AUNQUE EL MIÉRCOLES pasado fue presentada la plataforma electoral del Frente Amplio (FA) y hace dos semanas los blancos habían hecho lo propio con la suya, la campaña electoral gira sobre los dichos desafortunados de uno u otro de los candidatos con chance de calzarse la banda presidencial: José Mujica y Luis Alberto Lacalle.
Remarcar los errores del adversario no deja de ser una estrategia lícita, si bien muchas veces se atribuyen intencionalidades que no fueron expresadas, por más que las mismas encajen con el personaje y su historia. Por ejemplo, cuando Lacalle habló de la motosierra para reducir el gasto estatal, el contragolpe frenteamplista fue atribuirle la intención de terminar con las políticas sociales y las reformas iniciadas por el gobierno. Léase Plan de Equidad o Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS). La respuesta del FA fue lo suficientemente fuerte como para que el presidenciable blanco se retractara y dijera que nunca pensó en reducir el gasto social, ya que el mismo es una "inversión", tomando para sí el concepto que siempre usó la izquierda. Apenas le quedó margen para intentar la ironía y decir que si hubiera usado la imagen de un bisturí en lugar de la motosierra el escándalo hubiera sido menor.
Pero más allá de esto, ¿por qué en la opinión pública quedó la convicción de que Lacalle pretendía terminar con las políticas sociales? Su historia personal, su conocido "neoliberalismo económico" y sus permanentes planteos de reducir el papel del Estado a favor del mercado, hicieron posible que se tomara como cierta la afirmación de la dirigencia frenteamplista y de varios jerarcas del gobierno. La interpretación del oficialismo funcionó porque los antecedentes del ex presidente legitimaron esa percepción.
La misma lógica intentan aplicar blancos y colorados a partir de la entrevista que Mujica concedió al diario argentino La Nación esta semana. En esa oportunidad, el presidenciable frenteamplista dio una singular visión filosófica de la justicia, bastante discrepante con sus pares y parte de la ciudadanía, pero no necesariamente cuestionadora del papel del Poder Judicial (y la consiguiente división de poderes) en la sociedad.-
Sin embargo, y sin entrar en la discusión teórica, la oposición se encargó inmediatamente de acusarlo de desconocer la justicia y puso en duda sus convicciones democráticas. Otra vez la historia personal podría jugar un papel capaz de darle credibilidad a las criticas dirigidas al presidenciable de FA. Mujica fue guerrillero, y su movimiento, el MLN, se alzó en armas contra un gobierno legal, por consiguiente ese pasado constituiría un terreno fértil para dudar de su apego a las instituciones y la democracia.
Ese argumento, de falta de con-sustanciación con la institucionalidad democrática, ya no funcionó en las elecciones de 2004, cuando los colorados hicieron campaña con su pasado tupamaro. Y nada indica que funcione ahora, cuando Mujica carga en sus espaldas con varios lustros de parlamentario y de animador de los procesos electorales. El electorado sabe quién es Mujica y no puede decirse que lo acompañe porque desconoce su pasado.
TERRENO PROPICIO. Stendhal hablaba del "egotismo" para referirse a una exageración de la personalidad. Ese mal parece haber ganado a los contendores con chance en la carrera hacia la Presidencia. Es indudable que la lógica que tiene esta campaña, de detenerse en el "error" del adversario y en el posible rédito del aprovechamiento del mismo, tiene súbase en las personalidades de los contendientes.
Mujica parece haber construido su carisma en base a ser "políticamente incorrecto", sus seguidores se reconocen en una persona que "dice lo que piensa". Esa actitud lo ha acompañado en el periplo iniciado en la posdictadura.
"El problema que tiene (el presidente de Venezuela, Hugo) Chávez es que habla demasiado. Hay que hablar menos ", dijo el presidenciable al periodista de La Nación Ricardo Carpena. Sin embargo, y a la luz de los acontecimientos, Mujica no hizo más que mentar la soga en casa del ahorcado. Los últimos dos episodios, la entrevista con el diario argentino y sus conversaciones con el periodista uruguayo Alfredo García, recogidas en un libro de reciente aparición, pusieron en entredicho una de las características salientes del candidato a presidente. Con La Nación dijo lo que pensaba sobre la justicia (puso en duda la ecuanimidad de la misma, aunque reconoció la necesidad de su existencia) y sus convicciones respecto a cómo tratar a los militares violadores de los derechos humanos. También dejó dudas sobre el comportamiento del presidente Tabaré Vázquez en el conflicto con Argentina. De él señaló que es "un enamorado de la dignidad.
Y en los valores que tiene, negociar mucho, insistentemente, sería como perder la dignidad". Antes había comentado que se debe evitar la confrontación y "negociar cuarenta veces. Lo he dicho por el lío que tenemos con Botnia". Claro que también se refería a la parte argentina, porque dijo que si hubiera estado en el lugar del canciller de dicho país se "habría sentado frente a la embajada uruguaya en Buenos Aires y me la pasaría llorando, llorando y llorando".
De los Kirchner afirmó que aparentemente son progresistas, "pero son peronistas también (...) el peronismo es un fenómeno sentimental. Usted encuentra toda la fauna ahí".
Palabras que no parecen muy felices, para quien en caso de ocupar la primera magistratura deberá tratar con el gobierno argentino. Pero más de boca se fue en el libro. En él la munición fue más gruesa y afirmó que Argentina no llegó al nivel de democracia representativa y que su institucionalidad "no vale un carajo". Del matrimonio Kirchner comentó que "indudablemente son de izquierda, pero una izquierda que mamma mía, una patota ". Estos comentarios fueron matizados con el señalamiento de que el actual gobierno argentino es "de lo mejor" que ha tenido ese país, y también rescató el nivel de la intelectualidad del otro lado del río.
En cuanto a Uruguay, dijo que la "barrita de seguridad del presidente", encandilada por los viáticos y los viajes, quiere "perpetuarse. Porque ahora la angustia que tienen ellos es que al cambiar el presidente se les va el bollo". También sostuvo que la inversión de Portucel, que Tabaré Vázquez anunciara pictórico, es "un cuento chino".
QUE QUIRÉS QUE TE DIGA. Si Mujica es prisionero de su personalidad, Lacalle no le va en zaga y le afloran sus pensamientos más íntimos. Ante la eventualidad de que un posible gobierno suyo no contara con mayoría parlamentaria, sostuvo que gobernaría por decreto (véase recuadro), contrariando así los planteos de su segundo, en el sentido de que la gestión debería basarse, si se diera el caso, en la búsqueda permanente de acuerdos con la oposición. El deja vu del "pachecato", que gobernó por decreto y con la aplicación de medidas prontas de seguridad en forma permanente, le dio un talante autoritario a una posible administración de Lacalle.
En esa lógica, que no sería propia del político profesional que tan bien parece representar el presidenciable blanco, la sospecha es que en la arremetida, además de su personalidad, influyen las distintas encuestas de intención de voto, que últimamente muestran una tendencia descendente en la preferencia del electorado.
Esa combinación de factores, seguramente, lo llevaron a perder los estribos en una reciente charla con los estudiantes de la Universidad ORT. Allí, ante las preguntas del auditorio, por momentos perdió la calma y lanzó uno de los mayores exabruptos, al acusar a los integrantes del MPP de "asesinos, torturadores y secuestradores". Tal acusación no es menor cuando está dirigida al sector mayoritario del FA, pero además comete un grueso error, ya que quien desarrolló la lucha armada (lo que obviamente no significa llegar a los extremos planteados por Lacalle) fue el MLN y no el MPP. Uno de los grupos que constituye el MPP es el MLN, pero hay otros que son parte de un conglomerado que se formó en 1989 y que nada tiene que ver con los hechos de los sesenta y setenta.
ESOS DICHOS. Cierto es que las palabras de Mujica en la entrevista de La Nación parecen estar bastante lejos de cuestionar la actual democracia representativa y que más se dirigen, como en tantas otras oportunidades, a desarrollar su pensamiento filosófico sobre algunos temas. Paradójicamente, en los momentos en que se muestra más "concreto", establece mayor distancia con el pensamiento de sus compañeros de la izquierda que con las concepciones de los partidos tradicionales. En medio de una campaña por la anulación de la ley de caducidad, sus palabras invalidando el juzgamiento de quienes cometieron delitos de lesa humanidad a cambio de conocer la verdad de los hechos acaecidos durante la pasada dictadura, flaco favor le hacen a quienes han manejado como dos elementos inseparables la verdad y la justicia. Mujica dijo: "No quiero tener viejos presos. Viejos de 75,80 años...
Pero no sólo los militares, ningún preso a esa edad". Más adelante y ante la pregunta de cómo se saldarían las cuentas del pasado en materia de derechos humanos, respondió que su punto de vista podía estar "viciado " por su calidad de ex preso, por lo que "quiero saber la verdad, pero en la justicia no creo un carajo". En declaraciones posteriores insistió en que no es bueno que los combatientes vencedores juzguen a los vencidos. A La Nación había expresado que "la justicia tiene un hedor a venganza de la puta madre que lo parió. Y tengo la conciencia de que lo que pasé no me lo va a devolver nadie ".
El presidenciable frenteamplista derivó de una concepción que hace de la justicia una construcción humana e histórica (en eso es conteste con concepciones marxistas y anarquistas), a la incursión directa en la campaña por la anulación de la ley de caducidad.
Conmutar penas por la verdad está muy lejos del espíritu de las resoluciones del congreso frenteamplista. Es verdad que su pensamiento al respecto no es una sorpresa, lo ha reiterado desde la salida de la cárcel, pero la repetición por sí misma no lo transforma en una verdad, aducen sus críticos dentro del FA.
Sus dichos se extendieron a otros aspectos y en ellos también cuestiona una cultura de izquierda, especialmente de sus aliados comunistas. Por ejemplo, tras descartar la idea de una revolución como un acto y entender que la misma es un proceso continuo, sostuvo que "no se puede intentar agarrar el poder cuando no se sabe lo que se va a hacer con él. Y los trabajadores no pueden agarrar el poder porque son dependientes. Ese es un factor que no lo medíamos hace 40 años. Porque después le sale un engendro que es la burocracia ". Por contraposición a ello plantea la necesidad de ir generando experiencias autogestionarias, como las de las empresas recuperadas en el Uruguay actual.
No es de esperar que desde la izquierda frenteamplista lleguen críticas a su discurso, lo importante es ganar, y después se verá, confesaron algunos dirigentes a Brecha.
Si la derecha pretende cuestionarlo por su pasado guerrillero, el éxito que pueda alcanzar con esa postura no es nada seguro. El temor en filas del FA es que el eje de los cuestionamientos se dirija hacia la imprevisibilidad de Mujica, buscando descalificar esa cierta incontinencia verbal, por los vaivenes que ella provoca. La duda razonable es cuánto de esos bloopers influyen en los indecisos, pues es difícil que quien ya decidió su voto lo cambie, más cuando algunos de los dichos del presidenciable son compartidos por los frenteamplistas. Su rival en la carrera presidencial contribuye a amortiguar los efectos de sus "errores": la idea de Lacalle de gobernar por decreto y la acusación hecha al MPP son motivos suficientes para que el electorado frenteamplista sienta "el espanto" de una restauración.
Semanario BRECHA - Montevideo - URUGUAY - 18 setiembre 2009
Medio = BRECHA :: Sección = POLITICA :: Fecha = 18/09/2009 :: Pagina = 2