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"Debemos sustituir importaciones, no es pecado hacerlo"

Gastón Solari
Nació en Buenos Aires hace 47 años. Es ingeniero agrónomo y economista agrario y, aunque proviene de una familia dedicada a negocios agropecuarios en su país, siempre trabajó por su cuenta. "Las empresas son de quienes las hacen, no de los que las heredan", es el lema familiar. Anduvo por varias provincias argentinas trabajando en la multinacional Continental Greens, para la que gerenció operaciones en soja y girasol y luego para la división de negocios agropecuarios del Banco de Galicia. Apuesta a Uruguay y la región como mercados de productos de calidad y opina que Punta del Este debe cuidarse de no matar con sobreprecios a la gallina de los huevos de oro. Es casado, padre de cinco hijos y tiene una pasión: el rugby.

Por Stella Maris Pusino
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¿Cómo llegó a trabajar en Agroland S.A.?
Un head hunter me "secuestró" de otra compañía. Vivía en Concordia entonces, en donde por mi trayectoria en política y gremiales agropecuarias terminé vinculado con la mesa de enlace de Entre Ríos en pleno conflicto del campo. Aquello fue una escuela de cansancio, de día trabajábamos y de noche nos reuníamos en asambleas para analizar los temas de ese momento, años 2007 y 2008, en Argentina. En esa coyuntura evaluaba desde hacía tiempo otras oportunidades laborales. Y como soy fanático veraneante de Punta del Este, desde hace 42 años fantaseaba con que algún día me vendría a vivir a Uruguay, tal como le ocurre a la mayoría del otro lado del río. Había mucha gente en Argentina que sabía que yo andaba buscando un cambio. Fue uno de esos que sabían, quien vino un día y me dijo: "¿Te cansaste de Cristina? ¿Te cansaste de la soja? Te invito a que te cruces a Uruguay". Y me presentó a la familia Bulgheroni. Ya hace de eso casi tres años.

Esta no es la única empresa que tienen los Bulgheroni en Uruguay...
Son varias. Nuevo Manantial S.A., dedicada a la generación de energía eólica, forestación y ganadería; Kentisur, una empresa constructora; Estancias del Lago SRL, que desarrolla actividad lechera en Durazno y Gamorel S.A., que explota arándanos en Salto.

Hablemos de la que usted administra. ¿Cómo surge la idea de iniciar Agroland S.A.?
Del amor de la familia por la zona de Maldonado y su vocación agropecuaria. Enamorados del lugar, Alejandro Bulgheroni y su esposa Bettina deciden comprar un campo, primero para propio disfrute pero también para generar alguna pequeña actividad. El potencial de la tierra y el análisis de negocios en esta región, poco a poco, los fue llevando a ampliar las dimensiones del establecimiento original y la diversidad de negocios posibles. Hoy son 4.000 hectáreas y 1.000 empleados, contando los de Kentisur que conviven en Agroland. Trabajan en distintas áreas: producción de olivos, cuyos cultivos ocupan unas 500 hectáreas y se destinan a la elaboración de aceite, que también encaramos en la planta que inauguramos en diciembre, más otras 100 hectáreas que estamos implantando para producir aceitunas de mesa. El vivero, que nació como vivero forestal y por la infraestructura de sus naves y las sembradoras que utiliza, es uno de los más avanzados del país. Hoy está dedicado a la producción de plantines de olivo, porque el área destinada a forestación, 900 hectáreas, ya está cubierta con eucaliptus, que aún no comenzamos a talar, y cuyo destino será madera e insumo para la fabricación de pasta de celulosa. Luego, también explotamos varios negocios incipientes: frutos secos (almendras, nuez pecán y castañas), ganadería bovina y ovina, en su ciclo completo y la recolección y comercialización de miel de colmenas en campos, como los de Nuevo Manantial en Rocha. Hemos desarrollado también otra gran cadena de valor que es la de los viñedos, que hoy ocupan 170 hectáreas y superarán las 250 los próximos años, y la bodega, que se está construyendo, y que junto con el aceite de oliva son los dos grandes negocios de Agroland con potencial demostrado, enorme sobre todo en cuanto a calidad. Los vinos obtenidos en dos primeras cosechas, muy pequeñas, han demostrado estar en condiciones de competir con los más exquisitos del mundo.

¿Qué inversión implicó la instrumentación de todos estos negocios?
No tengo el dato exacto, pero desde 2.000, podríamos estar cerca de los US$ 100 millones.

¿Qué producción darán los olivares?
Este año lograremos 1 millón de kilos de fruta, pero la producción aumentará en forma escalonada. Procesando ese volumen, la planta logrará de 130.000 a 150.000 kilos de aceite.

¿Ya colocados comercialmente?
El consumo de aceite de oliva per cápita creció mucho en Uruguay. De hecho, era la mitad que el de Argentina cuando llegamos y hoy ya lo ha superado. Pensábamos que teníamos cerrado el mercado local, pero el consumo sigue creciendo y empujando ese techo. Como miembros de la Asociación Olivícola Uruguaya creemos que la producción local sustituirá importaciones; lograrlo es un objetivo colectivo.

¿Qué porción del mercado tiene la marca de Agroland, Colinas de Garzón?
Un porcentaje importante, considerando que fue pionera en el rubro. Muchos productores vienen un paso atrás de nosotros o casi al lado y no todos están elaborando aceite.

¿Cuál es la facturación actual?
Todavía no es relevante. Como el resto de los negocios, está en franca expansión. Pero de acá a dos años será importante. Lo que queremos lograr primero, y así es como llevamos la empresa adelante, es que cada unidad sea autosustentable, una empresa en sí misma, con la ventaja de estar integradas.

¿Alguna unidad de negocios es rentable ya?
El vivero y la ganadería lo son. La forestación lo será, pero hay que vender un volumen importante de madera. La fábrica de aceite, también. La empresa podría haberse dedicado a vender aceitunas a terceros hasta el día en que se alcanzara el volumen requerido para montar una planta rentable desde el primer día. Pero decidió acompañar el crecimiento de la plantación instalándola en simultáneo, comprando a productores, aún cuando el costo de comprar es distinto al de producir.

También se decidió la construcción de la planta, seguramente, en razón del poder de inversión...
En razón, sobre todo, del profesionalismo de los responsables de área, capaces de optimizar recursos y maximizar beneficios. La inversión tiene que ver con la infraestructura y la tecnología, que no son temas menores, pero ¿qué pasa si doy un Ferrari a un burro? Fangio con un auto más o menos, hacía maravillas.

¿La explotación turística de Agroland es una unidad de negocio?
Además de ser eficiente y de tener una cierta escala, Agroland es una empresa atractiva a la vista y los sentidos. Prolija, ordenada, agradable. Compartirla es vocación de la familia. Su instalación causó mucho impacto socioeconómico en Maldonado y Rocha y fue muy difícil disimular su existencia. Quienes se acercaban decían que esto es la Toscana uruguaya. Se podría haber hecho un galpón industrial y no una planta boutique. Era mucho más barato. Pero enriquecer el paisaje industrial, también es invertir en la imagen del producto, en su leyenda. El mundo globalizado consume leyendas. En este mismo sentido es que acondicionamos una casa en Pueblo Garzón, otra gran leyenda, como boutique para todos nuestros productos.

Agroland aspira a convertirse en referente del desarrollo agroindustrial del Cono Sur. ¿Qué magnitud tendrá cuando lo logre?
No se trata de escala sino de calidad y de apuntar a consumidores que sepan apreciarla. No queremos convertir nuestros productos en Rolex de oro, sino en buenos relojes, productos a valores razonables para mercados de calidad. Si Uruguay entero consume calidad y a nosotros nos sobra volumen, iremos tras clientes de la región, el mundo, que también quieran calidad. Sin entrar en absurdos proteccionismos, debemos sustituir importaciones. Hacerlo no es pecado. Dudo que se pueda vender chocolate extranjero a los suizos.

Desempeñando su función, ¿qué complicaciones le planteó la idiosincracia uruguaya?
Muchas gestiones en sectores públicos se traban en procesos innecesariamente largos. Dadas las condiciones que ofrece Uruguay para atraer inversiones y seguir creciendo, habría que buscar mecanismos para aceitar procedimientos y profesionalizar algunos cuadros.

¿Uruguay es un país caro para vivir?
Carísimo. Integro la Cámara Empresarial de Maldonado y Destino Punta del Este y escucho siempre esto: debemos cuidar a nuestro cliente, el turista. Y ese cliente no vino, más allá de considerar el "corralito" de dólares que impuso Argentina, porque aquí es todo muy caro, para quienes vivimos todo el año, pero tres veces más para el turista. Tengamos cuidado: no matemos a la gallina de los huevos de oro.

¿Hay corrupción en Uruguay?
Uruguay está muy lejos de la corrupción de la región: Argentina, Venezuela, Paraguay, Bolivia. Hay una gran corrupción en América Latina, grandes feudos. Yo creo que, además, hay una gran pérdida de identidad, en el sentido del rumbo del país. En aquellas naciones se gobierna en contra de un pedazo de la población y no a favor del país.

Diario EL PAIS  - supl. El Empresario - Montevideo - URUGUAY - 03 febrero 2012