La ley primera

El Mundial de Fútbol fue una nueva y buena ocasión para observar el tipo de relación que existe entre dos países vecinos como Argentina y Uruguay. En Argentina, una encuesta mostró que luego de su selección, los argentinos preferían que el campeón del mundo fuera Uruguay. En Uruguay, hubo fuegos artificiales con cada uno de los cuatro goles que Alemania le propinó a Argentina
POR MARÍA DE LOS ÁNGELES ORFILA DE LA REDACCIÓN DE EL OBSERVADOR
Unos, arrogantes, los otros, humildes. Unos, extrovertidos, los otros, de bajo perfil. Unos, vulgares, los otros, cultos. Unos, chantas, los otros, un pueblo honrado. Unos, adoran a Uruguay y les hubiera gustado que saliera campeón del mundo; los otros desprecian a Argentina y muchos festejaron su eliminación.
Amor y odio han definido la relación entre Uruguay y Argentina desde que dejaron de ser una nación común. Y, a pesar de tener las mismas raíces, los uruguayos festejaron la derrota futbolística del vecino. A veces pesa más la antipatía que, es notorio, es más fuerte de esta hacia la otra orilla. Desde allá, y a pesar de la rivalidad, hay más guiños y señales de cariño que otra cosa.
De antiporteños a antiargentinos
Para la historiadora Isabel Clemente, docente del Programa de Estudios Internacionales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República (UdelaR), el largo enfrentamiento con la Asamblea Ambiental Ciudadana de Gualeguaychú por la planta de celulosa de UPM (ex Botnia) provocó que el sentimiento antiporteño se agrandara de Ushuaia hasta La Quiaca. “Es un cambio de sensibilidad colectiva. Antes se trataba con las dicciones argentinas con cierta ironía, o con diplomacia, pero ahora se ha pasado a formas más agresivas”, afirmó Clemente.
La razón es que el corte del puente San Martín separó a dos orillas mucho más cercanas y familiares de que lo que han sido Montevideo y Buenos Aires. Con Entre Ríos, Corrientes y las otras 21 provincias siempre se había compartido “un sentimiento bastante solidario” y el mismo antiporteñismo. El conflicto provocó, a juicio de Clemente, que Uruguay adoptara “un nuevo nacionalismo con arrebatos chauvinistas” como nunca había tenido en su historia; incluso siempre se había criticado a los argentinos por patrioteros.
El politólogo argentino Vicente Palermo reconoció que, entre los Kirchner y los asambleístas, sus compatriotas hicieron méritos para ganarse el resentimiento de los uruguayos. “Hicieron las cosas como para convertir el tema de Botnia en una causa nacional uruguaya”, opinó. En este contexto, Palermo calificó como entendible que los uruguayos “dieran cauce a ese sentimiento” ante la derrota de Argentina en el Mundial de Sudáfrica; al mismo tiempo que los argentinos “hinchaban por la celeste a modo de (intentar) saldar una deuda por el bloqueo”.
Clemente agregó que, en los últimos cinco años, entre el asunto por la papelera, lo poco que se sufrió por la crisis económica internacional y, fundamentalmente, el muy buen desempeño de la selección, los uruguayos recobraron la autoestima que estaba muerta y enterrada desde hace 60 años. “Los uruguayos redescubrieron el orgullo nacional. Habría que remontarse al período de oro de nuestra historia cuando se creía en la canción que decía que éramos los campeones de América y del mundo”, expresó la historiadora.
Con todo, Clemente exhortó a moderar la animosidad, o a canalizarla de forma positiva, dado que son los uruguayos, y no los argentinos (salvo los gualeguaychenses), los que han endurecido su postura. “No es muy útil un chauvinismo antiargentino muy prolongado porque va a generar un deterioro en las relaciones entre los países”, apuntó. En juego está la numerosa comunidad uruguaya que vive en la otra orilla; como también proyectos económicos de largo alcance para Uruguay. El mismo énfasis puso el presidente José Mujica que llamó a calmar los ánimos en pleno Mundial: “Hay algo peor que soslayan los odiadores y es que en el país de los argentinos viven cientos de miles de uruguayos que encontraron en esas tierras las posibilidades de desarrollo que no tuvieron en su pago natal. Que en esta hora de triunfos la euforia no nos vuelva mezquinos y desagradecidos”.
Para Clemente, los festejos por la eliminación de Argentina del campeonato se explican, en parte, por el rechazo que genera la figura de su director técnico, Diego Armando Maradona, que representa “la quintaesencia de esa argentinidad” más detestada por los uruguayos: la arrogancia.
La envidia del petiso. Para el historiador Guillermo Vázquez Franco no hay más que antiporteñismo, pero no a partir de la autoestima ni del orgullo, sino a partir de un “complejo de inferioridad” de un país que envidia al grande de al lado. “Esto lleva a los uruguayos, de forma mezquina, a festejar la caída de sus compatriotas”, dijo a El Observador.
Sí, dijo compatriotas y no vecinos, porque Vázquez Franco es partidario de que Uruguay, como Provincia Oriental, no debió ser nunca separado de las Provincias Unidas, luego llamadas República Argentina. “Los uruguayos son el resultado de la Convención Preliminar de Paz del 27 de agosto de 1828 y del tajo que significó que se cortaran las relaciones políticas entre la Provincia Oriental, la más estratégica, y el resto de las provincias del Río de la Plata”, relató Vázquez Franco. Esa “amputación” de tierras obligó, a su juicio, a un grupo de montevideanos a justificar la existencia del nuevo país independiente, esfuerzo que calificó de “mentiroso”, dado que la pretensión, según se lee en cartas y documentos de la época, era la reunificación. La independencia fue propuesta por los ingleses y respaldada por Brasil para arrebatarle a los argentinos la “llave del río” y el “control del patio trasero” brasileño que era la región de Mato Grosso. “Somos el resultado de la rivalidad entre Argentina y Brasil”, aseveró Vázquez Franco. Y añadió: “Nuestro origen es espurio y vergonzante”.
Lo que quedó para los uruguayos, en opinión de Vázquez Franco, fue masticar la bronca de que Buenos Aires creció; mientras que la Provincia Oriental quedó petisa. “Los uruguayos son narcisistas. Envidian por no tener un Aeroparque, por no tener un teatro Colón, por no tener un tren de la costa. Buenos Aires suda cultura. Se mueren por tener farándula pero no les da el cuero; sale muy caro. Dicen que los argentinos son fanfarrones y están convencidos; alguno habrá, sí, tienen sus méritos para tener mala fama, pero acá hay también”, completó el historiador. Vázquez Franco no tuvo tapujos en afirmar que la “porteñofobia” no es más que una expresión “provinciana”.
Sin embargo, Clemente, que tiene una visión distinta de la independencia uruguaya, enunció que poco o nada tiene que ver la Convención Preliminar de Paz con el sentimiento antiargentino, como tampoco incidió la lucha de puertos, o hasta las frías relaciones entre Luis Batlle y Juan Domingo Perón. Fue la historia política posterior, y hasta futbolística (ver página 4), la que conformó dos perfiles colectivos disímiles. “En Uruguay nunca hubiese sido posible un partido como el peronismo. Esa política centrada en una cierta forma de culto a la personalidad acá no tiene arraigo porque el uruguayo tiende a ser más escéptico”, declaró. El argentino endiosa a los líderes mientras que el uruguayo protesta si el presidente de la República osa adelantarse en la fila de la mesa electoral. Palermo sostuvo que la distancia en cultura política es enorme y recorre desde el “institucionalismo uruguayo” al “populismo argentino”. Por otra parte, el sociólogo Leonardo Mendiondo agregó que, sí, Buenos Aires es una ciudad cosmopolita, pero “demasiado hedonista para el gusto oriental”.
También influyó que Argentina se apodere de la paternidad del dulce de leche, del asado, de la nacionalidad de Carlos Gardel y de La Cumparsita, de la isla Martín García, que considere lo bueno de origen uruguayo como rioplatense –término que, en general, los uruguayos no aceptan porque, como anotó Clemente, “nadie nace en medio de un río”– y lo bueno de su lado solo como argentino, y desconozca muchas veces la singularidad uruguaya. “No hay nada más detestable que el paternalismo de un hermano de mayor tamaño”, comentó a El Observador Carlos María Domínguez, argentino de nacimiento y uruguayo por adopción (ver página 5). Esto alimenta el resquemor de este lado del río y, aunque los uruguayos protesten, Vázquez Franco lo dijo claro: “En Buenos Aires no hay reciprocidad porque no la necesitan”.
Lo único que parece que les mueve el pelo es el fútbol. A tal punto que Mendiondo comparó a Uruguay con una “pulga en el ojo de la enorme potencia” que se lo irrita con las glorias conquistadas mucho antes que ellos. “La sucesión de triunfos vistos desde la perspectiva histórica, incluido nuestro presente, será siempre una materia pendiente para los argentinos, ya que nuestro periplo futbolístico no lo podrán emular fácilmente”, señaló Mendiondo.
Iguales y distintos. ¿Rivales? ¿Hermanos? ¿Dos pueblos y una patria? ¿Dos patrias? Vázquez Franco señaló que son hermanos siameses separados contra su voluntad e involucrados en una relación en la que el pequeño siente y sufre las estocadas que recibe el mayor. Mujica habla de que “son parte de nosotros mismos” y, por ende, “los tenemos que querer”. Palermo prefirió hablar de “dos pueblos” que deben reconocerse en la diversidad sin que sea necesaria la identificación. Algo parecido manifestó Clemente: “Son dos pueblos que comparten un conjunto importantísimo de valores pero tienen diferencias grandes en su cultura popular y mentalidad colectiva”. O, como respondió Mendiondo: “Buenos vecinos que compartimos esta pequeña esquina del mundo”.
El exabrupto
Off the record
“Una manga de ladrones del primero hasta el último”. Así describió el ex presidente Jorge Batlle a los políticos argentinos en su afán de diferenciarlos de los propios. Lo dijo durante un corte de una entrevista con el canal de noticias financieras Bloomberg.
Y agregó: “¿Usted conoce la administración argentina? ¿Sabe cómo se manejan las cosas en Argentina¿ ¿Sabe el volumen y la magnitud de corrupción que hay en Argentina? Somos dos países diferentes”.
Lengua suelta
Coloquios
José Mujica también criticó a los argentinos en el libro Pepe Coloquios. Dijo que el país vecino tiene “reacciones de histérico, de loco y de paranoico”. Señaló que los “peronistas son patoteros”, el ex presidente Carlos Menem “un mafioso y ladrón” y agregó: “No se puede creer que la Argentina es un pueblo de tarados, porque tienen una intelectualidad potente y pensadores importantes”.
Cronología
1828
Convención Preliminar de Paz del 27 de agosto de 1828 por la que la Provincia Oriental deja de formar parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata
1839
Intervención argentina por conflicto entre Fructuoso Rivera y Manuel Oribe
1906
El canciller argentino Zeballos manifiesta que Uruguay no tiene derecho alguno sobre el Río de la Plata y reclama soberanía “hasta la línea de las más bajas mareas de sus costas”
1908
El gobierno de Figueroa Alcorta envía una flotilla de acorazados argentinos a hacer maniobras entre la isla de Flores y el banco Inglés, frente a la playa Carrasco
1930
La selección uruguaya gana el primer Mundial de Fútbol, tras vencer a la selección argentina por 4 a 2, en el Estadio Centenario
1932
El presidente Gabriel Terra rompe relaciones diplomáticas con Argentina por 60 días
1947-1955
Conflictos entre Luis Batlle Berres y Juan Domingo Perón por una profunda y antagónica posición política. El argentino ordena que se les exija visa a los uruguayos para ingresar a Argentina
1973
Perón firma con Juan María Bordaberry el Tratado del Río de la Plata
2006
Néstor Kirchner anuncia la demanda en la Corte Internacional de La Haya por la instalación de la planta de celulosa de Botnia en Fray Bentos
2006
Uruguay comenzó a aplicar un arancel extra de 16% a los productos que provienen de algunas provincias argentinas, donde el gobierno ha exonerado el pago de impuestos
2008
Argentina decidió dejar de dragar los tramos que le corresponden de canales de los ríos Uruguay y de la Plata, perjudicando a puertos uruguayos
2009
Se acusó a Argentina de ejercer presiones para que Uruguay integrara la “lista negra” de la OCDE. Argentina lo negó
2010
Levantamiento del corte del puente San Martín por 60 días, luego de más de tres años de conflicto
Cifras
230.000 Uruguayos aproximadamente viven en Argentina
47 kilómetros es la distancia entre Fray Bentos y Gualeguaychú
Lo dijo
Isabel Clemente
«Ha habido un surgimiento en Uruguay de un nacionalismo con arrebatos chauvinistas y ha habido una reafirmación muy grande de la autoestima uruguaya»
Guillermo Vázquez Franco
«Punta del Este pertenece al cono urbano de Buenos Aires y Montevideo también»
Diario EL OBSERVADOR - Montevideo - URUGUAY - 12 julio 2010