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¿GANAMOS?

Nuestro país decidió tomar para el ridículo la situación derivada del fallo inapelable que emitió la Corte Internacional de Justicia de La Haya respecto de la pastera Botnia instalada a orillas del río Uruguay. Quienes cortan las rutas hace tres años y quienes los avalan, siguen igual que antes de la decisión de la Corte.

La Argentina decidió tomar para el ridículo la situación derivada del fallo inapelable que emitió la Corte Internacional de Justicia de La Haya respecto de la pastera que la finlandesa Botnia instaló a orillas del río Uruguay: Pese a que nadie consiguió probar nada de lo que presuntamente debiera conducir a la inhabilitación de la papelera, para el Gobierno -y para muchos compatriotas imbuidos de un espíritu nacional- los uruguayos nos deben pedir disculpas.

En verdad, no se sabe de qué debieran disculparse. Los jueces de La Haya, con una intención determinada a equilibrar las cargas, consideraron que Uruguay violó el Tratado Binacional del río homónimo. Pero, en un curioso giro semisexual, dijeron que lo violó "poquito". Como quedó probado, y así lo señala el propio fallo, que hubo negociaciones y que incluso se produjo un acuerdo entre los entonces cancilleres Didier Opperti y Rafael Bielsa, la violación del tratado parece más una concesión a la posición del país "agredido" (la Argentina) que una verdad revelada.

Ganadores morales
De pronto, como cuando en los mundiales nos goleaba -injustamente, claro- Checoeslovaquia- somos los ganadores morales: Uruguay violó el tratado pero Botnia se queda donde está porque su tan mentada contaminación no fue probada. El fallo de La Haya sostiene, ciertamente, que Uruguay no cumplió con algunos artículos del tratado binacional, pero el propio documento de los jueces de la Corte Internacional de Justicia indica que se trató de temas "no relevantes". Al mismo tiempo, señala que Uruguay cumplió con todos los demás requisitos. Incluso, el fallo menciona -y lo valora como una prueba a favor de Uruguay- el acuerdo que se difundió entre Opperti y Rafael Bielsa, quien en estos días sufrió una amnesia obscena respecto de su papel en el conflicto. Y ese acuerdo, como consta en la Memoria del Estado del año 2004, fue presentado como un logro ante el Congreso argentino por el entonces jefe de gabinete Alberto Fernández con letra y música de Bielsa.

No hubo sanciones
Pero por otro lado, si ganamos en lo diplomático de manera tan supuestamente contundente, ¿por qué no hubo una sanción ejemplificadora a Uruguay que diera sentido a esa presunta violación del tratado binacional?
Los funcionarios argentinos sostuvieron una esperanza que jamás pudo haber tenido lugar y que sólo apuntaba a que la gente de Gualeguaychú no los considerara traidores. La diplomática Susana Ruiz Cerruti pronosticó como posible, días antes de conocerse el fallo, la opción de la relocalización de Botnia que piden los asambleístas. Eso era imposible pues la Argentina, como lo dijo el abogado de la delegación ante La Haya, Marcelo Cohen, ante las radios de Buenos Aires el día del fallo, se presentó ante ese tribunal con una queja diplomática y no para pedir que se desmantele Botnia por la supuesta contaminación. Luego, a Cohen lo callaron, curiosamente.

Monitoreo inexistente
Y la tan mentada contaminación, ¿cómo iba a demostrarse si el monitoreo prometido por la entonces secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, jamás se efectuó con criterio? ¿Y qué hizo Homero Bibiloni, su sucesor, más tarde? Silencio.
La pregunta es por qué los medios no dicen nada de esto y se mantienen en la línea del Gobierno que sostiene que "ganamos pero no nos dan lo que nos merecemos". Es probable, como sostuvo en estos días en soledad el periodista Fabián Doman, que obre sobre el periodismo  un criterio malvinista, en el peor sentido del término: nadie, en temas internacionales, quiere salir a señalar una derrota ante el temor de que lo caratulen de "traidor a la Patria". Justamente ése fue el modo en que Bielsa, que se comporta como un espectador del peor fracaso diplomático de la historia moderna argentina cuando en verdad fue el hacedor, calificó a quienes criticaron el resultado del fallo horas después de conocido.
El problema es que como ganamos, pero el fallo no confirma el resultado, debemos seguir conviviendo con la derrota: Botnia sigue en pie y sin ninguna chance de que sea de otro modo.

Sin cambios
El problema es que como ganamos pero la justicia a la cual la Argentina recurrió en verdad dice otra cosa, algunos protagonistas -por ejemplo quienes cortan la ruta desde hace tres años y quienes los avalan por temor a la consecuencia política- se mantienen en la misma posición del día anterior al fallo de La Haya. La Corte de La Haya, admitamos, dijo que Uruguay no cumplió con alguna formalidad, pero que eso no invalida el proceso.
En consecuencia, todo puede seguir como lo decidieron los uruguayos y Botnia. Pero no todo debiera seguir como lo decidan aquellos que, con legitimidad de origen, habían iniciado un conflicto que -se sabía- debía culminar en el momento en que se emitiera la sentencia de los jueces internacionales.
Quiere decir que perdimos.
Por Sergio Federovisky

Diario EL SIGLO - Tucumán -  ARGENTINA - 2 mayo 2010