A pesar de la derrota, una oportunidad
A pesar de la derrota, una oportunidad
Alejandro Zamprile
Para LA NACION
Desde el momento que la causa llegó a La Haya era predecible que el conflicto de fondo, mirado desde la costa argentina del río Uruguay, no se iba a solucionar si no se demostraba fehacientemente que la planta de Botnia afectaba más allá de los parámetros de concentración de contaminantes normados.
Conocido el veredicto, hoy nos encontramos con un sabor agridulce, entre una victoria en lo formal y una derrota en los hechos.
Sin embargo, si analizamos con una mirada raci
onal, objetiva, sin fanatismos y emociones lo que paso en todos estos años, y lo que tenemos por delante, podemos encontrar claras oportunidades para nuestro país y, principalmente, para la ciudad de Gualeguaychú, que se podrían presentar en una nueva mesa de diálogo con el país vecino.Este diálogo debería estar enmarcado en un trabajo conjunto para que la Comisión Administrativa del Río Uruguay (CARU) no sólo controle y administre el río como vía navegable y desarrollo de su medio ambiente, sino también incorpore la facultad de poder expresarse sobre las inversiones de impacto ambiental, turístico y visual que se realicen sobre las costas del río. A partir de la ley de promoción forestal, tanto a la vera de la ruta 14 de la Argentina como de la ruta 3 de Uruguay, hay miles de plantaciones de eucaliptos y pinos listos para ser procesados por la industria papelera, un atractivo para nuevas instalaciones de pasteras.
Bajo ese marco surgen también muchas otras oportunidades discutidas en diferentes mesas de negociaciones, pero que se dejaron de lado por la postura radical de que la única solución posible era que Botnia se fuera. Sería inteligente que el gobierno argentino le solicitara a Uruguay que se restablezca en la mesa de diálogo aquellas propuestas:
1) Armar una zona de excelencia ecológica alrededor de la planta para bajar el impacto visual, lo que afecta directamente a Gualeguaychú y a su balneario Ñandubaysal.
2) Que Gualeguaychú reciba de Botnia parte del excedente de producción de energía eléctrica, que alcanza los 37 MW a un precio subsidiado, en beneficio de los vecinos entrerrianos.
3) Formar una comisión bipartita para monitorear diariamente los efluentes de la planta de celulosa.
4) Que Botnia arroje los efluentes varios kilómetros río abajo, con la construcción de un acueducto.
Como contrapartida, Uruguay sacará nuevamente a relucir el tema del corte del puente San Martín, tema que deberán reconsiderar los asambleístas y los gobiernos provincial y nacional si se quiere avanzar en una resolución definitiva del conflicto. Si no, todo seguirá como hasta ahora: el puente cortado, lo que afecta a uruguayos y a argentinos, y Botnia produciendo y exportando.
Como aprendizaje para el futuro, siempre es recomendable recurrir a un tercero que las partes elijan de común acuerdo para mediar el conflicto, como en la disputa con Chile por el canal de Beagle, y no llegar a tribunales internacionales que sólo provocan distancia entre dos pueblos hermanos.
Hoy el conflicto no está cerrado y se necesita avanzar en puntos de encuentro y resolución entre las partes. Se debe ir a una política conjunta de mutuas concesiones, en la que algo se gana y algo se pierde. Todo este tiempo hemos visto que con posturas extremas ha sido casi todo pérdida para la Argentina, más allá de un fallo agridulce.
El autor es profesor en el IAE-Universidad Austral
Diario LA NACION - Buenos Aires - ARGENTINA - 25 abril 2010