Orgullo y perjuicio
Puede que últimamente haya mejorado un poco nuestra relación con Chile -según la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el acuerdo para construir dos túneles en los Andes es de importancia histórica-, pero siguen empeorando las con dos socios del Mercosur, Brasil y Uruguay, sin que haya motivos para suponer que pronto se superarán los problemas bilaterales responsables del malhumor regional resultante.
Mientras que los brasileños, recién convertidos en paladines del comercio libre, se sienten tan enojados por las medidas proteccionistas del gobierno de Cristina que ya están tomando represalias, los uruguayos no pueden disimular su fastidio por los intentos de obligarlos a trasladar la planta papelera de Botnia desde Fray Bentos hasta otro lugar bien lejos de la frontera bilateral.
Según la Dirección de Medio Ambiente del Uruguay, el gobierno argentino no ha vacilado en sesgar y manipular datos, además de adulterar documentos, a fin de convencer a los jueces de la Corte de Justicia de La Haya de que Botnia contamina tanto como dicen los militantes entrerrianos que desde hace casi tres años están obstaculizando el tránsito por el puente que reúne los dos países. Por su parte, nuestra Cancillería se afirma "indignada" por el tono adoptado por el vecino.
Que los uruguayos se sientan tan hartos de la conducta del gobierno kirchnerista que acaban de acusarlo de mentir no es del todo sorprendente.
Han apostado mucho al desarrollo de la industria forestal, por entender que los ayudará a superar el atraso bucólico que ha caracterizado a su país desde hace más de un siglo y todo indica que sus esfuerzos en tal sentido están teniendo éxito. Asimismo, sospechan que la razón principal de la oposición argentina al proyecto protagonizado por Botnia tiene menos que ver con las eventuales inquietudes medioambientales de nuestros políticos, que con la resistencia de los finlandeses a darles "comisiones" abultadas. Por lo demás, los perjuicios que les ha ocasionado la campaña furibunda del gobierno kirchnerista y los piqueteros ecológicos de Gualeguaychú contra un proyecto que para ellos es estratégico han sido tremendos y, debido a la terquedad de los activistas y la negativa de nuestro gobierno a darse por vencido, continuarán produciéndose.
A juzgar por la evidencia disponible, a pesar de sus dimensiones la planta de Botnia, a diferencia de las papeleras que se encuentran en nuestro país, está entre las más limpias y menos contaminantes del planeta. En efecto, todos los estudios serios que han realizado organismos internacionales prestigiosos han servido para confirmar que carecían de fundamentos genuinos los temores, los que en su momento parecían legítimos, de los activistas gualeguaychuenses y aquellos políticos oportunistas, encabezados por el entonces presidente Néstor Kirchner, que suponían que les convendría hacer del asunto una "causa nacional".
Lo más lógico, pues, sería que los militantes anti-Botnia y Kirchner atribuyeran la falta de contaminación imputable a la papelera a su vigorosa defensa del medio ambiente entrerriano, lo que podrían hacer diciendo que, de no haber sido por su firmeza, el río Uruguay hubiera degenerado en una cloaca. Sin embargo, en vez de procurar hacer creer que la falta de contaminación debería tomarse por un gran triunfo nacional, de este modo sustrayéndose con la dignidad intacta del berenjenal en que se habían metido, por motivos de orgullo tanto los activistas como los funcionarios del gobierno kirchnerista eligieron la tozudez.
Desgraciadamente para ellos, las denuncias formuladas por sus homólogos uruguayos distan de parecer descabelladas. Merced a la intervención del inefable secretario de Comercio, Guillermo Moreno, en el Indec, todos, con la posible excepción de algunos oficialistas empedernidos, saben muy bien que nuestro gobierno es plenamente capaz de tergiversar datos, reemplazarlos por otros apócrifos y, claro está, adulterar documentos. Aunque los presuntos errores señalados por los uruguayos se hayan debido a nada peor que el escaso profesionalismo de nuestros funcionarios y la propensión kirchnerista de improvisar sobre la marcha, para cualquier observador ecuánime la interpretación uruguaya de los hechos suena más verosímil que la ensayada por los voceros del gobierno de Cristina.
RIO NEGRO online - Patagonia - ARGENTINA - 3 noviembre 2009