Ambientalismo de utilería
Desde el comienzo, Greenpeace tuvo una relación sinuosa con el kirchnerismo. Su vínculo se dio a través del errático Miguel Bonasso y del exjefe de Gabinete Alberto Fernández, con quienes logró la sanción de la Ley de Bosques contra el desarrollo rural del norte argentino.
La confluencia más fuerte se produjo en 2005, cuando Greenpeace acompañó la aventura contra la papelera Botnia, que enfrentó a argentinos y uruguayos y llevó a la Reina del Carnaval de Gualeguaychú, Evangelina Carrozo, a Viena para respaldar la posición kirchnerista. El cartel que llevaba la escultural carnavalera decía “no a las papeleras contaminantes”. Para entonces, la casa central de Greenpeace ya había advertido que el sistema de blanqueo que usa Botnia no contamina. El camino comenzó a bifurcarse.
La gestión de Romina Picolotti en Medio Ambiente tampoco dejó bien parada a la multinacional. Finalmente, el veto a una ley de Glaciares, que prohibía la minería hasta en la Puna, donde no hay glaciares, marcó la ruptura definitiva. Los ataques de la británica Greenpeace contra la canadiense Barrick expresan choques de intereses. Ciertas causas, por nobles que parezcan, son mero pretexto para otra cosa.
Diario EL TRIBUNO - Salta - ARGENTINA - 27 enero 2012